“¿El sínodo? Es ya hora de recomenzar. La cita del 2015 está ya a la vuelta de la esquina”. Bromea, pero no demasiado, el arzobispo Vicenzo Paglia, presidente del Consejo Pontificio para la Familia, consciente que después de dos semanas intensísimas en el Aula sinodal, ahora inmediatamente está llamado a sumergirse en los muchos problemas abiertos.
La relación resalta los aspectos positivos de la situación antropológica – cultural de la familia en el mundo, pero no esconde las grandes preocupaciones que se evidenciaron, empezando por el individualismo exagerado, que destruye las relaciones familiares. ¿Cómo saldremos?
Por la primera vez en la historia se cuestiona aquel triple pilar (matrimonio-familia-vida) que es el motor de nuestra civilización y se pretende destruirlo y de recomponerlo a conveniencia. Es este el nudo antropológico más delicado frente al cual la Iglesia no puede no reaccionar, reafirmando el don original de la creación, iluminado y reconfirmado por Jesús.
Se trata de explicarlo de una manera nueva…Ciertamente, debemos hacerlo recogiendo todos los aspectos positivos que la cultura moderna ofrece sobre la persona, de sus derechos, de su dignidad, buscando una nueva síntesis entre la sabiduría bíblica y la cultura contemporánea. Debemos crear un nuevo humanismo. Aquí está el centro del reto.
Y, en este reto ¿Dónde colocar la invitación del sínodo acerca de la necesidad de “acoger a las personas en su existencia concreta”?
Esto refleja aquella pedagogía divina de la que el Papa Francisco habla continuamente y que responde a la necesidad de salir “hacia los caminos del mundo” con aquella inmensa simpatía de la que también hablaba Pablo VI. Esta es la lógica para hacerse cercanos a todas las situaciones y para caminar hacia aquel nuevo humanismo del que hablaba anteriormente. Francisco habla del arte del acompañamiento, sabiendo bien que se debe evitar todo buenismo ciego, pero manteniendo la audacia del amor.
¿Es ésta la perspectiva para aquella “dimensión nueva de la pastoral familiar” recomendad por el Sínodo?La nueva pastoral familiar se inscribe en aquella pastoral del pueblo que debemos empeñarnos a realizar. No se trata de detenerse en el cuidado del pequeño rebaño de las parejas regulares. En esta clave son las mismas familias que deben hacerse misioneras para acoger a los otros, a aquellos más necesitados. Esta es una verdadera revolución espiritual confiada no a cualquiera o a algún especialista, sino a toda la comunidad. En este sentido se necesita de una sabiduría apasionada, otra mirada espiritual, más que jurídica, que sepa recoger las chispas que Dios ha esparcido en el mundo para que se enciendan y comiencen a fortalecerse.
¿Pero, nuestras comunidades están preparadas para este cambio?Nueva pastoral familiar quiere decir también que nadie debe ser abandonado o excluido de antemano. Todos son buscados, amados y acompañados. El arte del acompañamiento supone también la paciencia de empujar a quien está más atrás. Es esta la razón por la cual hablamos de una conversión misionera.
¿En el testimonio gozoso de las parejas y de las familias, cómo se lee en la relación final, qué lugar ocupa la subjetividad pastoral de las familias?Subjetividad quiere decir hacer a las familias protagonistas directas de la misión. Y aquí veo dos aspectos irrenunciables, que el sínodo del 2015 deberá examinar obligatoriamente. Ante todo reconocer el rol fundamental de las mujeres en el ámbito familiar. Madres, mujeres, abuelas son protagonistas de la familia. Y después, son las mujeres que mantienen viva a la Iglesia y a la sociedad. Y no solo porque continúan haciendo hijos. Debemos comprometernos con más valentía al lado de las mujeres, sostener y promover también para contrarrestar aquella falsa cultura que quisiera desanimar la maternidad.
¿Y, el otro aspecto de la subjetividad?Está relacionado a la urgencia de ayudar a las familias a ir “más allá” de la familia, para impedir que se cierren en su ambiente familiar. La familia cristiana está impulsada por el amor de Jesús a ir más allá de sí misma.
¿La Eucaristía a los divorciados vueltos a casar, es una cuestión en cierto modo congelada?En la relación final el problema se encuentra al 52º párrafo sobre la totalidad de 62. Pero este tema, aunque no sea el más importante, colorea un poco la actitud que la Iglesia quiere tomar, porque por medio de ella se manifiesta la voluntad de ayudar a quienes viven en situaciones difíciles o irregulares. Profundizar la cuestión como encomienda el sínodo, quiere decir llegar a propuestas que sean realmente capaces de reconciliar la verdad y la misericordia. ¡Lo vamos a lograr!

