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Xaverianos

2014-15 Sinodo de la familia

Sinodo de la familiaAutor: P. Alfredo Spigarolo

¡Milagro! La FAMILIA, el centro de atención y de preocupación de la Iglesia. Esto nunca había pasado en la larga vida de la Iglesia. ¿Por qué?   Es la situación crítica de la familia tradicional y de su importancia para la humanidad y la Iglesia, que ha animado al Papa Francisco a convocar el Sínodo de los Obispos, que se llevará  cabo en dos etapas: la primera, la Asamblea general extraordinaria en Octubre del 2014, para precisar el “status quaestionis”, recogiendo las voces de todo mundo y escuchar el parecer de los Obispos.  La segunda, la Asamblea general ordinaria en el 2015, para buscar juntos  las líneas directrices  que deberán guiar la pastoral de la familia.  Esta decisión del Papa Francisco sorprendió a todos. La familia  está al centro de la preocupación pastoral de la Iglesia.

 ¿Qué es un Sínodo?

Sínodo, es una palabra formada de dos palabras griegas: SYN (que significa “juntos”) y “HODOS” (que significa “Camino”) que expresa la idea de “caminar juntos”. Por lo tanto el Sínodo es una asamblea en la que algunos Obispos reunidos con el Santo Padre, tienen la oportunidad de intercambiar  informaciones y compartir experiencias, con el objetivo  de buscar soluciones pas torales comunes que tengan validez y aplicaciones universales.

El Sínodo puede ser definido como una asamblea de Obispos que representa al Episcopado católico. La tarea del Sínodo es  ayudar al Papa en el gobierno de la Iglesia universal y, además, es una expresión y un instrumento de la colegialidad de los Obispos.  La característica principal es  manifestar la comunión y la colegialidad de los Obispos  con el Santo Padre y tener la competencia absoluta para tratar cualquier tema según el procedimiento establecido  en la carta de convocación.

 El Sínodo no es parte de la Curia romana y no depende de ella. Responde directa y únicamente al Santo Padre, a quien está unido en el gobierno universal de la Iglesia. Además, se  reúne  y actúa sólo cuando el Papa considera necesario y oportuno consultar al Episcopado, el cual durante el encuentro sinodal expresa “su opinión sobre argumentos de gran importancia y gravedad”.

 En síntesis, estos son los grandes temas que se  van  a tratar en el Sínodo:

1.- ¿Qué conocimiento tenemos los cristianos de lo que se afirma en la Biblia y en la enseñanza de la Iglesia acerca del Matrimonio y de la familia?

2.- ¿Qué piensan del matrimonio según la ley natural, que practica la mayor parte de la humanidad? (matrimonio civil)

3.- ¿La pastoral que se hace en nuestras parroquias, es verdadera pastoral según el Evangelio?

4.- ¿Frente a algunas situaciones matrimoniales difíciles, qué hay que hacer?

5.- ¿Frente a la unión de personas del mismo sexo, qué actitud tomar?

6.- ¿Cómo actuar en la educación  de los hijos en los matrimonios irregulares?

7.- ¿Cómo cultivar  en los esposos, la apertura generosa al don de la vida?

8.- ¿Cómo debe ser la relación entre La familia y la persona?

El compromiso del Sínodo está motivado y sostenido por el gran deseo de comunicar con claridad la belleza del mensaje bíblico sobre la familia, que tiene sus raíces en la creación del hombre y la mujer, hechos a imagen y semejanza de Dios. (Gn 1,24-31: 2, 4b-25)

La situación de la familia en la Iglesia y en el mundo hoy.

Ya se está verificando, en todo el mundo cristiano y no cristiano, el “estado de salud” de la familia que está dominada por una cierta cultura  relativista y por su influjo negativo en los padres y los hijos.  Además, es manifiesto y público el malestar en que viven muchas familias cristianas, que quieren encontrar nuevos caminos y mejores, para dar testimonio de su fidelidad a Dios y a su misión específica.

 Se constata la existencia de muchos matrimonios inseguros, el aumento de separaciones matrimoniales y  de matrimonios civiles,  la convivencia  entre parejas que excluyen el matrimonio,  los matrimonios mixtos, la unión de personas del mismo sexo, etc… Además hay claros cuestionamientos sobre situaciones familiares difíciles frente a las cuales se pregunta: ¿En qué grado de conciencia y libertad se ha tomado la elección matrimonial?, ¿Qué preparación se ha hecho para recibir el Sacramento del Matrimonio? Frente a estas graves y reales situaciones se desea y se espera un cambio verdadero de la pastoral familiar, porque “la familia es el motor del mundo y de la historia”.

 Se plantean  claros cuestionamientos sobre las situaciones matrimoniales difíciles. Existe la gran pregunta acerca del grado de conciencia y de libertad que tienen los novios cuando toman la decisión de casarse por la Iglesia, y que preparación han tenido para recibir el Sacramento del Matrimonio. Se espera una mejor atención a las familias heridas, para seguirlas con espíritu de misericordia y de apertura, como sugiere el Papa Francisco. Se desea que se presenten con sencillez y claridad las fuentes bíblicas del Matrimonio y de la familia, y  que se añada el pensamiento de la Tradición y del Magisterio.

 En el mundo y  en el tiempo presente, la clara y evidente crisis social y espiritual,  es “un gran reto pastoral”. Esta crisis interpela a la Iglesia en su acción pastoral evangelizadora de la familia, que es el núcleo vital de la sociedad y de la comunidad eclesial. Hacer la propuesta del Evangelio de la familia, es hoy de los retos más urgentes y necesarios, porque estamos frente a nuevas formas de pensar y de vivir.  Las nuevas visiones de la persona, de la familia, de la sexualidad, de los fenómenos migratorios, de los influjos de los medios de comunicación, de las propuestas legislativas de los gobernantes, etc. Pero, sobre todo en el ámbito eclesial, la debilidad y el abandono de la fe en el Sacramento del Matrimonio y en el poder terapéutico de la confesión.

 Misión de la familia

¿Qué esperas tú? ¿Qué esperan los esposos? ¿Qué esperan las familias y el mundo? Frente a esta situación tan problemática y cuestionadora, hay que proclamar, con claridad y convicción, la buena noticia del amor de Dios a todos los que viven esta fundamental experiencia, humana y personal de la pareja abierta al don de los hijos. Que esta buena noticia llegue realmente al corazón de los esposos para transformarlos y lanzarlos por los caminos del  mundo para que sean, a su vez, portadores y anunciadores del Evangelio de la familia con convicción, gozo y alegría en el ambiente en que viven y actúan.

 Sólo así, el matrimonio y la familia recuperarán su lugar central en la vida de la humanidad por su belleza y grandeza, su importancia y dignidad. Además, se sentirá la necesidad  de la familia cristiana en la vida de la Iglesia y de la humanidad para el bien de todos. La familia será el lugar del encuentro de Dios con las personas y de las personas con Dios, como Padre amoroso y misericordioso.

 Y por ello, la familia debe ser la protagonista de la Evangelización de nuestro mundo. Esta es la misión confiada por Jesús resucitado a sus Apóstoles y, hoy, tarea principal y existencial de la Iglesia. La buena noticia, que Dios ama la familia, debe ser proclamada a todas las personas que quieren vivir esta fundamental experiencia humana, de pareja y de comunión, abierta al don de los hijos, guiados por la luz del Evangelio. La familia, como lugar donde Dios se hace presente visiblemente y actúa en los padres  como el Dios de la vida y del amor;  el Dios que lo comparte todo con sus hijos y que los hace crecer, para que sean sus signos visibles: respetando, compartiendo, amando y perdonando in un clima de libertad verdadera y profunda. Los esposos, unidos por un vínculo indisoluble, viven la belleza del Amor, de la paternidad y la maternidad realizando la obra creadora de Dios: donar la vida. Dios es amor y desea que los esposos, que son sus hijos, se amen como El los ama.

En la comunidad cristianas primitiva, la familia es llamada “Iglesia doméstica” y  san Pablo identifica la familia como el lugar de la solidaridad más profunda entre los esposos, los padres y los hijos, los ricos y los pobres (Ef. 5,21-6,9).  Al amor entre hombre y mujer, lo llama “el gran misterio” porque hace presente en el mundo el amor de Dios. (Ef. 5, 31-32).

 Unámonos todos en oración, para que el Espíritu santo nos ilumine y nos guie por el camino del amor y del Evangelio, que es el único camino de la familia cristiana.