El niño Guido Conforti, sin mayores dificultades se había desprendido de su familia, para estudiar su primaria con los Lasallistas, porque en la casa de huéspedes estaban con él, Ismael y Mérope; además con frecuencia venía de Casalora a Parma, la mamá Antonia, con buenos canastos de fruta del tiempo.
Guido iba creciendo espiritual e intelectualmente. Si en el colegio, la catequesis y la misa eran diarias, en casa de las Maini se practicaba diariamente el rezo del rosario, la visita a alguna iglesia y la participación a algún evento religioso importante.
Si en Casalora, Guido “había jugado a decir misa”, ahora jugaba a ser predicador, porque las dos mujeres, Dorotea y Juana, juntamente a una anciana, Ana, que vivía en un cuartito en el piso de abajo, además de piadosas, eran santamente curiosas. De regreso del colegio, Guido tenía que repetirles lo que había aprendido de las clases de catequesis. Por eso, ya le había dado a Guido el sobrenombre de “curita”. Cosas de otro tiempo, pero muy significativas. En aquellos 4 años de primaria, acontecieron, además dos hechos importantes en la vida espiritual de Guido: la Confirmación y la Primera Comunión.
En el segundo año de permanencia en la casa de las Maini, Guido, junto con su hermanita Mérope, recibió el sacramento de la Confirmación en la Catedral de Parma, de manos del obispo Domingo María Villa. Cuarenta años más tarde, será él mismo, el obispo Conforti, que confirme a los niños en la misma catedral, y en una de esas ocasiones dira: “¿Piensan ustedes, hermanos, que este rito solemne de la Confirmación no obre nada en el corazón inocente y en la imaginación del niño? ¿Piensan que la preparación, la instrucción y exhortaciones de los sacerdotes, la presencia del obispo con sus hábitos pontificales, esperado con impaciencia y curiosidad por los niños, no dejen huellas en el corazón de sus hijos? Yo digo que sí”. Enseguida vino el recuerdo de su propia confirmación: “han pasado 40 años desde aquel día en que, en esta misma catedral, fui confirmado por el santo obispo Villa y recuerdo todavía la mano cariñosa del obispo ungiendo mi frente con el sagrado crisma”.
Dos años después, el 8 de abril de 1875, a los diez años, hizo su primera Comunión. Era la edad en que todos la hacían. Faltaban todavía 30 años para que el santo Papa Pío X concediera la Comunión a los niños de 6 años. Ningún documento se encontró de entre las muchas condecoraciones eclesiásticas y civiles que obtuvo Conforti a lo largo de su vida, pero si guardó la libreta de su Primera Comunión.
Cuantas veces Guido, ya muchacho de 11 años, saliendo de la escuela de los hermanos de Lasalle, no se habrá preguntado en sus adentros: “Todos mis compañeros me llaman el curita, ¿Qué dificultad tengo para serlo de verdad? ¿No es este el sueño de mi mamá y la oración de las señoritas Maini?
En realidad, el día 2 de febrero de 1876, día de la Candelaria, la piadosa señora Dorotea, después de la ceremonia en la Catedral delas velas con Guido, lo llevó a visitar el seminario y el muchacho se quedó impresionado al ver a aquellos seminaristas, vestidos con la sotana, rezando en la capilla.
Todos fueron instrumentos de la Providencia: la mamá, las Maini, los maestros Lasallistas, las visitas a las iglesias, la respuesta generosa del muchacho, para que la Iglesia tuviera en Conforti a un gran obispo y un santo misionero.


