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Xaverianos

Nuestro granito de arena para el Congo

pags 6-7 cAutor: P. Alberto Morales R. /

El P. Alberto Morales ha estado por un tiempo de vacaciones con su familia. Él nos ha dejado unas líneas para compartir con los lectores de Xaverianos sobre su experiencia en RD Congo, África. Después de su ordenación, trabajó unos años en el Centro Xavier en Zapopan, luego viajó a Italia para hacer una licenciatura en Comunicaciones.

 Sin lugar a dudas más de alguna vez hemos oído hablar de la República Democrática del Congo. Se dice que es un país con un subsuelo muy rico en minerales como el oro, los diamantes, el coltán que se usa para la fabricación de las computadoras, los teléfonos celulares y muchos otros aparatos electrónicos. En pocas palabras, los congoleses están sentados en una montaña de oro.

Si bien esto es verdad, la realidad de la población es otra y esto en todos los sentidos. El país está compuesto por más de 200 grupos étnicos, cada uno con su propio idioma, sus propios cantos y bailes. Son gentes sencillas y muy religiosas, alegres, viven día a día con el encanto de la naturaleza.

Se calcula que el 80% de la población congoleña es cristiana, la mayoría son católicos, 35% son protestantes, el 9% es musulmán, y el resto se divide entre religiones locales, judíos y algunos cristianos ortodoxos.

¡El paisaje es una maravilla! Llueve durante nueve meses al año y la tierra es muy fértil. La gente cultiva maíz, arroz, naranjas, plátanos, piñas y la yuca, también conocida como mandioca, que es la base de su alimentación. En otras palabras, ¡los congoleses de hambre no se van a morir!

Ahora viene “la pregunta del millón”, entonces ¿por qué la gente vive en la pobreza? Una de las causas de la pobreza de este pueblo es la proliferación de grupos armados, algunos de ellos vienen de Ruanda o de Burundi. Sus enfrentamientos constantes entre ellos o con el ejército regular siembran inseguridad en gran parte del país, por ello el progreso en esta región es casi inexistente. La existencia de estos grupos es debida a inconformidades con el gobierno o por la defensa de ciertos intereses económicos de países extranjeros, al controlar un determinado territorio, explotan el subsuelo extrayendo los minerales para luego venderlos de contrabando o cambiarlos por armas.

Las consecuencias son muchas, combates constantes, gente inocente que pierde la vida, robo de las cosechas, violaciones, etc.

En este contexto trabajamos los Misioneros Xaverianos desde hace más de 55 años en el país, atendiendo parroquias, escuelas y seminarios. Una de estas parroquias es la de la Santa Familia de Luvungi, donde desde hace algunos años damos una mano los padres Humberto Alejos Almanza, originario de Cortazar Guanajuato y yo, (P. Alberto Morales Reyes, originario de Citlatépec, Ver). La parroquia de Luvungi está situada en la diócesis de Uvira, en la frontera con Ruanda y Burundi. La componen 35 comunidades divididas en 6 grandes centros.

En general las carreteras y las brechas están en muy mal estado, pero se puede llegar a casi todas las comunidades en camioneta o a pie. La mayoría de las iglesias construidas por los primeros misioneros fueron destruidas por la guerra en 1996, las que quedaban en pie se deterioraron tanto que también se cayeron, por ello las celebraciones se hacen debajo de algún árbol. Pero esto no desanima a los cristianos, cada misa es una verdadera fiesta, nunca faltan los cantos y los bailes, la alegría se desborda por un matrimonio, por una primera comunión o por un bautismo…

Una de las actividades que desarrollamos es el acompañamiento de los catecúmenos, es decir, jóvenes y adultos que desean ser cristianos católicos. En principio cada año aumenta el número de nuevos cristianos, pero al enfrentarse al contexto social en muchas ocasiones los absorbe. Además del cuidado espiritual, nuestra parroquia cuenta con un pequeño centro de salud atendido por las misioneras xaverianas. Las enfermedades que más proliferan son la malaria o paludismo que es causado por el piquete de un zancudo, otras enfermedades comunes son el sida, la tifoidea, el cólera, además de la desnutrición infantil. La higiene aquí todavía no es cosa común.

Otra de nuestras prioridades es la educación. En muchas familias todavía no es bien aceptado el hecho de enviar a los niños a la escuela, y sobre todo a las niñas, porque se dice que ellas están hechas sólo para casarse. Buena parte de las escuelas han sido construidas por la Iglesia católica, por algunos organismos no gubernamentales y por algunas iglesias protestantes. La guerra de estos últimos años destruyó a la mayoría de ellas y desgraciadamente hasta la fecha no se han podido reconstruir.

El éxito de nuestra misión depende también del respeto que debemos a la cultura de la gente. Por ello en nuestra parroquia promovemos la reconciliación y la paz con los niños y los jóvenes a través del deporte, del canto, del baile y del teatro.

Es así como los misioneros xaverianos tratamos de poner nuestro granito de arena en esta parte del mundo, para que esta gente también tenga la oportunidad de ser feliz. Los retos siguen siendo muchos. Hacen falta más misioneros y cristianos católicos comprometidos para llevar a cabo la misión que Cristo encomendó a sus apóstoles. No olvidemos que esta responsabilidad es de todos.