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P. Rafael Aguilar Flores sx,

Una puerta de esperanza

Que tal queridos lectores, comenzamos este año lleno de sueños, metas y planes por alcanzar. Por ello quisiera compartirles esta reflexión sobre una de las tres virtudes teologales tan importantes para nuestra vida, no sólo como cristianos, sino como seres humanos: la esperanza. Esta virtud es como un sentimiento de querer anticipar el futuro en el presente, tal vez con emoción, miedo, inseguridad, confianza, o con todo ello junto. Es un estado de anticipación crucial para la vida humana, puedo decir que hasta nos permite estar saludables. 

En la Biblia esta palabra es importantísima, la usaban mucho los profetas y el pueblo de Israel para poner toda su confianza en Dios. Por ejemplo, en la historia del diluvio Noé tuvo que יָחַל (yakjál) “esperar, ser paciente” por mucho tiempo hasta que pudo salir del arca (Gn 8, 10). Job tuvo תִּקְוָה (tikvá) en el Señor a pesar de todo el sufrimiento que experimentaba, manifestando optimismo y resiliencia, anticipando de manera activa el bien que recibiría de Él (Jb 17, 15). 

El profeta Isaías usó la raíz קָוָה (cavá) que hace referencia a la tensión que se da al estirar una cuerda hasta que esta finalmente se rompe, como un sentimiento de aguardar y confiar intensamente ante el sufrimiento, para luego obtener la fuerza y poder despegar como águilas que no se cansan nunca más (Is 40, 31). También utilizó la raíz חָכָה (kjaká) para confiar en Dios, esperando la llegada del Mesías (Is 8, 17). En el contexto hebreo hay muchos ejemplos del uso de este concepto, siempre con una connotación positiva, tal vez para avanzar y vivir cada día, a pesar de los acontecimientos negativos.

En cambio, en el contexto de la literatura griega, el término ἐλπίς (elpís) para referirse a la esperanza, no tiene una concepción muy positiva por tratarse de algo que no tiene fundamento en la realidad. Sin embargo, San Pablo utilizó muchas veces esta palabra en sus cartas especialmente para referirse a Jesús “nuestra esperanza” (1Tim 1, 1). Entonces, la esperanza bíblica se basa en una persona: el Mesías, el Ungido, el Hijo de Dios, Jesús. 

La esperanza nos recuerda que somos humanos, por lo que se requiere humildad para aceptar esta virtud en nuestras vidas. Ordinariamente decimos que “la esperanza muere al último” porque “mientras haya vida hay esperanza”, precisamente porque es inherente al ser humano. Que la desesperación nunca se apodere de nuestras decisiones, porque aflige y enferma al corazón (Prov 13, 12). Por encima de todo esperemos firmemente en que todo irá mejor, porque los que esperamos en el Señor seremos escuchados (Miq 7, 7). Honremos en nuestro corazón a Cristo el Señor, siempre listos para responder a todo el que nos pida dar razón de la esperanza que tenemos (1Pe 3, 15). Elijamos no decaer, aunque las cosas vayan mal, porque Dios puede transformar un valle de problemas en una puerta de esperanza (Os 2, 15).