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P. Gerardo Custodio sx

LA INTERCONECTIVIDAD Y LA TERNURA

Un último tema a tratar para una ecología integral propuesto en la encíclica del Papa es que el ser humano no puede vivir como individuo solitario sino conectado a una comunidad histórica. Un elemento sustancial de ser persona es su interconectividad y ésta conlleva unos elementos. 

  • Una relación con lo otro, con el medio natural como ser biológico: Respirar, comer, etc. “Dependo del ambiente y el ambiente depende de mí”. 
  • Una relación con el otro, con el prójimo, de donde nace el principio de la responsabilidad, el sentido ético y la participación política. 
  • La relación con el Otro,lo cual construye nuestro ser como sujeto espiritual. 

Esto nos indica que todo está interconectado, que no es posible actuar sin que tenga efectos en “los otros”. Si todo está relacionado, nuestras decisiones tienen consecuencias, sobre todo cuando nuestros deseos desmedidos rompen el equilibrio. Poner límites es la clave para transformar el esquema destructivo. Primero, dentro del ser humano, de su estructura volitiva deformada por el deseo excitado, ayudándole a incluir la integridad del ser humano. Segundo, en su exterior, en su obrar, poniendo límites al “todo está permitido”. Aquello que no ayude a la íntegra continuidad de la humanidad, no debe estar permitido.

Urge cambiar la estructura de la voluntad, transformar el corazón y la mente para que el ser humano pueda vivir y conservar la Tierra. Para esto, dice el Papa, hace falta una revolución integral por la ternura. La ternura es el movimiento interno de la persona que sale al encuentro de lo otro, del Otro y se deja llenar por él, ante la presencia del misterio que envuelve la realidad. Cuando la persona vive esta experiencia, su ser apaga los deseos secundarios para desear primero la plenitud de la presencia de lo otro y del Otro. La ternura nos lleva a la contemplación de la naturaleza, no como un lugar de lucro, sino como la manifestación del paraíso deseado. 

Nuestro cuerpo nos sitúa en una relación directa con el ambiente y con los demás seres vivientes. Nuestra vida es un don que nos permite habitar este mundo, y si es un don, no puedo hacer un uso indiscriminado de la naturaleza y de los demás. Se impone el principio del bien común como principio rector de las relaciones entre la humanidad con la naturaleza, es una llamada a la mutua solidaridad.

El bien común implica que nadie puede apropiarse el sol o el agua, la tierra o la luz para intereses propios. Los bienes comunes son todos aquellos que van más allá del propio cuerpo. Por eso, más allá de obedecer la lógica del mercado que excluye, se impone la lógica del compartir lo que se produce, acompañada del respeto a la naturaleza y la dignidad humana.

La propuesta del Papa Francisco tiene hondas repercusiones sociales como es la regulación del productivismo y el consumismo. La revolución de la ternura implica dejarnos tocar hasta las entrañas, sea ante el sufrimiento de la tierra como ante su belleza. Esta conmoción nos ayuda a buscar las vías adecuadas para hacer de nuestro mundo un lugar de amor y misericordia que posibilite una vida feliz para todos.