El papa Francisco, quizoo tomar la parábola del Banquete Nupcial (Mt.22,1-14) como texto base e inspirador del mensaje misionero para un DOMUND . Esta parábola nos dice que un rey hace una invitación al banquete de bodas de su Hijo, pero sus invitados no quisieron ir. Entonces, el rey dice a sus siervos: «Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren».
En su mensaje, el papa retoma 3 frases para meditar:
- “¡Vayan e inviten!”.Son dos verbos claramente misioneros. El mismo Jesús que llama a sus discípulos para luego enviarlos al mundo entero: “Vayan y hagan discípulos mios a todas las naciones…” (Mt. 28, 19ss).
La iglesia es esencialmente misionera pues “somos una iglesia en salida”, frase que el papa Francisco ha repetido incansablemente, y al igual que los siervos enviados a los caminos, también nosotros somos enviados para salir e invitar, llamar, bautizar, curar, expulsar demonios, hacer el bien, enseñar, hacer discípulos, perdonar y amar.
Él mismo nos invita a salir de nuestra propia comodidad y atrevernos a llegar a las periferias existenciales, en donde más se necesita la luz del Evangelio (E.G20).
- “Al banquete de bodas de su Hijo”.
El Banquete es la imagen escatológica, anunciada desde el Antiguo Testamento por los profetas, que se cumple con la venida del Jesús, quien ha dicho: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca” (Mc1,15). Jesús, con su venida, ha inaugurado este banquete nupcial, que es plenitud de vida, alegría, libertad, perdón, paz y comunión. Y la iglesia lo celebra más intensamente en la Eucaristía, que es el banquete por excelencia en el que experimentamos la presencia de Cristo resucitado, presente en la Palabra y en Pan vivo de la sagrada Eucaristía. Alimento que nos fortalece para vivir en comunión con los demás, que nos reconcilia y nos hace tener un solo corazón y una sola alma (Hech. 4,32).
- “Todos: buenos y malos”
Los misioneros Xaverianos tenemos como lema: “hacer del mundo una sola familia”. Lema misionero que tiene como objetivo, invitar a todos los pueblos, culturas y a cada persona, a formar parte de esta gran familia de Dios.
Nuestra misión no excluye a nadie. La Palabra de Dios, que es Cristo, es para todos. “Dios amó tanto al mundo que le mandó a su Hijo único, para que todo el que crea en él, tenga vida eterna” (Jn. 3, 16). Jesús ha venido para que tengamos vida en abundancia; no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (Ez. 33,11).
El mundo es grande, “la mies es mucha y los trabajadores son pocos, pidan por tanto al dueño de la mies, que envíe operarios a sus campos” (Cfr. Mt. 9,35). Apenas un 31% de la población mundial se dice creyente en Cristo. Evidentemente, la misión que tenemos es un reto enorme y los que responden al llamado misionero son cada vez menos. Confiamos en el señor que aumente las vocaciones a la vida misionera.
“Que sea por todos, conocido y amado: Nuestro Señor Jesucristo”.



