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P. Alberto Morales Reyes sx

Ser misionero es volver a nacer

Llegamos al mes de las misiones y hay que recordar lo que nos dice Jesús en el Evangelio: “si uno no renace de lo alto, no puede entrar en el Reino de Dios” (Jn,3,3). Con estas palabras Jesús indica a Nicodemo la necesidad de empezar de nuevo, hay que estar siempre dispuestos a recibir lo nuevo y lo novedoso de su Evangelio. Sin duda esto requiere paciencia, humildad y disponibilidad.

En Dios podemos nacer muchas veces, por ejemplo, todos nacemos por primera vez al salir del vientre materno, somos recibidos en el seno de una familia, nuestros papás se preocupan de alimentarnos, nos enseñan a hablar un idioma para comunicarnos con los demás, nos inculcan buenas costumbres, nos envían a la escuela y así crecemos hasta hacernos responsables de nuestros propios actos.

Cuando abrazamos la fe nacemos por segunda vez, Dios nos da la gracia de participar de su vida divina a través de los sacramentos. Esto implica una nueva educación, nuevas costumbres y otra manera de pensar, hay que aprender el lenguaje del amor. De todas las cosas buenas que nos enseñan en la familia, nunca nos dicen que hay que amar al enemigo o que si alguien te pega en una mejía tienes que presentar la otra o que hay que perdonar hasta setenta veces siete; para lograr esto es necesario alimentarse de un pan divino. Hay que estar conscientes de las responsabilidades ante Dios y ante el prójimo.

La misión representa para el misionero un tercer nacimiento. Cuando se llega a tierras de misión hay que aprender a alimentarse de nuevo, el estómago muchas veces se vuelve como la de un niño, todo hace daño; ya adultos uno tiene que aprender un idioma nuevo y se balbucea como un niño, es hasta humillante que la gente se ría de uno por no saber pronunciar las palabras. Hay que aceptar otra manera de pensar y de hacer las cosas. Todo esto puede ser desesperante, pero en Dios todo es superable. Una vez que pasan estas cosas uno se da cuenta de que ha vuelto a nacer.

Así en cada etapa de nuestra vida Dios nos llama a renacer de lo alto hasta que entremos en el Reino de los Cielos.

En este mes misionero recordemos en nuestra oración a todos aquellos hermanos y hermanas nuestros que se encuentran anunciando el Evangelio lejos de su patria, para que las dificultades nos los desanimen, sino que vean en ellas una oportunidad que Dios les da.

Y tú ¿también quieres ser misionero? ¡Atrévete a renacer de lo alto!