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P. Rubén Macias Sapien sx.

“Evangelizar es amar”

Durante este mes de octubre, estimado lector, reflexionaremos sobre esta frase por demás valiosa: “Evangelizar es amar”. En el mensaje del Papa para la Jornada Mundial de las misiones a celebrarse este próximo 20 de octubre, Francisco recuerda aquella parábola de Jesus: “vayan e inviten a todos al banquete” (Mt 22,9), refiriéndose al Reino de Dios como un banquete de bodas, un banquete que es motivado por un compromiso de amor; no podríamos escoger mejor símbolo al hablar del amor que el de un banquete de bodas. El envío misionero tiene como centro de su anuncio la realización de una boda, de un compromiso de amor de parte de Dios con la humanidad, al vivo ejemplo del amor de un esposo con su esposa, y a esa boda todos somos invitados a participar: “El banquete nupcial que Dios ha preparado para el Hijo, permanece abierto a todos y para siempre, porque su amor por cada uno de nosotros es grande e incondicional… Quienquiera, todo hombre y toda mujer es destinatario de la invitación de Dios a participar de su gracia que transforma y salva” (Papa Francisco, Mensaje para el DOMIND 2024).

Todo en la misión, todo en la evangelización debe de estar fundado sobre esta verdad: “el amar de parte de Dios a la humanidad”. El punto de partida es el amor de Dios hacia la humanidad; la razón de anunciar es el amor experimentado y la finalidad de toda misión es anunciar este acto de amor de Dios, experimentado en la persona del misionero, vivido en la comunidad que lo acompaña y anunciado en toda acción misionera. Así nos lo enseña Monseñor Conforti, de hecho, uno de los ejes testamentarios sobre los cuales Conforti funda la vitalidad misionera de nuestra familia es exactamente el amor de Cristo. “Caritas Christi urget nos” (2 Cor, 5,14). “Y junto con el amor a Dios debemos alimentar en nuestros corazones la caridad hacia nosotros mismos y hacia nuestros hermanos y, en primer lugar, con quienes formamos una misma familia religiosa y tenemos todo en común. A esta condición elemental daremos también nuestra modesta contribución a la edificación del Cuerpo Místico de Cristo” (CT 9). Ésta es la comunidad misionera deseada por Conforti: una familia de discípulos que siguen a Cristo más de cerca, con un solo corazón y en una sola alma, todo esto para que el mundo crea. 

Evangelizar es pues amar, a Dios en una experiencia que nos abre a la misión, a los hermanos con quienes vivimos la misión; y un amor hacia los no cristianos a quienes portaremos toda nuestra energía y capacidad de amar.  “No olviden nunca que el Apostol de Cristo debe, a semejanza de su Divino Maestro, pasar entre la gente, ayudando a todos, ofreciendo a todos sus cuidados amorosos, socorriendo en todo tipo de necesidades y esparciendo sobre todos las bendiciones celestiales. Y cumplirán este sublime mandato si su corazon está siempre animado por la Caridad de Cristo que a todos acoge, que se hace toda a todos, para conducir a Todos a Dios” (1907, 25 enero, Parma, II Carta circular: FCT 1,281)

Ayudados por estas palabras de Conforti y del Papa Francisco, les invito a preguntarse, estimados lectores: ¿Soy consciente del amor de Cristo derramado en mi vida? ¿Hago de este amor el motivo de mi acción evangelizadora? ¿En verdad evangelizo movido por el amor de Cristo? ¿Evangelizar es para mí amar?