El título completo de las reflexiones de este año –de alguna manera dedicado por el Papa Francisco a la familia- es: “La familia de Jesús de Nazaret y la familia hoy”. En nuestros días la familia ha entrado en diferentes y múltiples transformaciones y no es fácil hallar alguna orientación clara y vitalmente aceptable, a pesar de las dificultades en ponerla en práctica. Para ello partimos de alguna fórmula, que indique la estructura, la función y la misión de la familia.
En primer lugar, es importante recordar lo que dice la Declaración de los Derechos Humanos (16, 3), del año 1948: “La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado”. ¡Qué corta es la memoria de la gente en nuestros días y qué tergiversada es su presentación por parte de muchas leyes e instituciones públicas!
En segundo lugar, aquí el tipo de familia –aunque no definida- al que se refiere es la llamada familia nuclear, que es “la unión más o menos perdurable, socialmente aprobada, de un hombre y una mujer y sus hijos”, según la definición de un antropólogo, no de un jurista o de un teólogo. Puede decirse que la familia es la continuidad de la especie humana, o sea la transmisión de la vida con sentido y la reproducción primaria de la sociedad. Tienen la misma función y estructura sea el tipo de familia extensa (con abuelos, tíos, primos consanguíneos o afines y adoptados), la cual puede abarcar incluso la familia poligámica, sea la familia monoparental, en la que los hijos viven con uno solo de los padres.
También se acostumbra hablar de otros tipos de familia (por similitud o analogía) conformadas por hermanos, amigos, comunidades religiosas, académicas, asociaciones políticas, profesionales, deportivas, y otros grupos solidarios como clan, tribus, naciones. Todos estos tipos pueden favorecer o dificultar la familia nuclear.
Algunos dicen que en nuestros días las familias se encuentran como durante un estado de guerra, es decir, separadas, en fuga, en peligros constantes, en dificultades superiores a sus fuerzas y en situaciones que favorecen todo tipo de relaciones, incluso las menos aceptables. Por desgracia, los nuevos modelos de familia –prácticamente destruida- parecen ya dominar en el mundo occidental y ponerse como el camino a seguir para toda la humanidad.
No intentaremos aquí una explicación teológica o espiritual de la familia, sino simplemente partir de la familia de Jesús de Nazaret, para aprender unos valores fundamentales y universales, y reconocer que el verdadero primer anuncio de la vida, de la fe, la esperanza y el amor, se propone y asimila al interior de la familia. Buscaremos unas rendijas para asomarnos a la vida oculta de Jesús en Nazaret y acompañarlo en su formación de hijo de Dios y más hijo del hombre, como hermano entre hermanos en toda época y en la plenitud de la vida personal y familiar.
Vamos a partir de la hipótesis que Jesús vivió 30 años en una familia nuclear o patriarcal en un desconocido pueblo de pocos centenares de habitantes, Nazaret de Galilea, en los primeros decenios de nuestra era. Un problema que parece insuperable acerca de la vida familiar de Jesús, en las fuentes o en los evangelios, es el olvido casi total de una vida, que se consumió casi toda al interior de una familia y de una gente totalmente desestimada –como aparece en el diálogo de Jesús con Natanael: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?” (Jn 1,46)- en una región religiosamente despreciada: “¿También tú eres de Galilea? Estudia y verás que de Galilea no surge ningún profeta” (Jn 7,52).
Me he preguntado por qué los evangelios, como las fuentes históricas, literarias, religiosas de todos los pueblos, no presentan en detalle la vida cotidiana en las familias, sus actividades, sus relaciones, comunicaciones, sus gozos y esperanzas, sus tristezas y angustias. Lo que me ha sorprendido es comprobar que todo tipo de comunicación pública ignora totalmente la familia. Baste pensar en los medios de hoy, en los que aparecen solamente individuos aislados, sean políticos, periodistas, médicos, religiosos, maestros, artistas. Tal vez por razones de funcionalidad u organización. Sin embargo, no se justifica olvidarse totalmente de la familia que nos hace parecer marcianos más que seres humanos


