La familia, para muchos sigue teniendo prioridad en la escala de valores, sin embargo hoy esta institución ha vivido varias fracturas y adolece en su unidad e integridad. El texto de Mateo 2, 13- 23 es muy iluminador para entender a aquellas familias que han emprendido un éxodo en busca de seguridad y felicidad.
Jesús vivió desde niño la dificultad de la hospitalidad, sin embargo aquel niño, experimentó también, la protección divina del Padre celestial a través de su padre José que le condujo por caminos seguros, salvando la integridad del Hijo de Dios. Este relato nos conecta con el episodio de aquellas familias que se han visto forzadas a emigrar a lugares desconocidos.
Compasión
La familia de Nazaret: Jesús, José y María, fueron perseguidos por Herodes, pero no tardaron en encontrar refugio en Egipto, país que ya de por sí había ofrecido otras veces refugio a los judíos. En la segunda parte de la escena, contemplamos a la familia que regresa a Galilea, a Nazaret. Los textos sagrados ignoraban esta aldea, por ello a muchos judíos les costaba creer que Jesús era el Mesías. ¿Cómo podría salir de un pueblo perdido el Mesías? Cuando Dios llama y elige, lo hace a partir de la gente sencilla y humilde que está dispuesta a colaborar en el proyecto que Dios tiene para cada uno de nosotros.
El texto ya de por sí expresa el drama que tuvo que pasar Jesús y su familia al tener que salir de su país. Son imágenes que se reviven en nuestro tiempo, se sigue repitiendo el éxodo interminable de tantas hermanas y hermanos nuestros que hacen filas como refugiados, emigrantes obligados a sufrir la precariedad y la humillación. Si podemos reaccionar ante estos hechos que aún siguen en nuestro mundo, lo haríamos con la actitud de la compasión, como Jesús la tuvo con los suyos.
Mantener viva la esperanza
La huida de la familia de Nazaret a Egipto, nos hace pensar que Dios no dispensó a su propio Hijo de sufrir la persecución, de vivir refugiado, de ser un emigrante y de haber hecho la experiencia de un hombre sin futuro. En esta lección, Jesús nos enseña que hay que mantener viva la esperanza ante las dificultades; no pocos hermanos nuestros tienen que repetir esta situación dejando a su familia para ir en busca de una mejor vida, arriesgándolo todo.
Cuántos niños, adolescentes y jóvenes en sus familias se han visto sometidos a vivir marcados por el drama de la migración, que sin saber a dónde, continúan enfrentando retos y desafíos. Encontramos a jóvenes que desean proyectarse hacia un futuro esperanzador, donde la miseria y el hambre puedan ser necesidades cubiertas al llegar a esas nuevas tierras y donde logren vivir en un espacio sereno y en paz.
Reflexión personal
La familia de Jesús, vivió no sólo lo que significa la pobreza sino la falta de hospitalidad de los demás, el rechazo y la indiferencia de algunos. ¿Qué entiendo por hospitalidad? ¿Me ha tocado sentir la falta de hospitalidad? ¿Con quiénes y cómo lo he vivido? ¿Qué sentimientos surgen en mí (alegría, desconfianza) al tener que dejar un espacio para que otros se hospeden en mi casa?
La familia de Nazaret fue humilde y sencilla, de la cual Dios se valió para que cada uno de los miembros colaborara en el plan de salvación. ¿A lo largo de mi vida he conocido alguna familia como la de Jesús (sencilla y humilde) que con su ejemplo me haya ayudado a crecer? ¿Qué cosas he valorado de la gente sencilla y manera con la que afrontan las situaciones difíciles de la vida?
Jesús fue descubriendo al interno de su familia los planes que Dios tenía para Él, fue en la convivencia, en las relaciones fraternas, en las dificultades donde fue forjándose la personalidad del Hijo de Dios. ¿Alcanzo a entender que mi familia tiene un papel importante en mi crecimiento personal y en mi búsqueda de Dios? ¿Cómo lo experimento? ¿Desde la relación con mi familia, logro descubrir lo que Dios quiere de mí?


