De la encíclica del Papa Francisco se desprende que hoy el mundo vive una grave crisis de valores por las consecuencias. A la humanidad le resulta difícil saber entre lo que es correcto y lo que no lo es. Ese oscurecimiento del horizonte ético provoca una enorme inseguridad en la vida y una permanente tensión en las relaciones sociales, que tienden a organizarse más por intereses particulares que en torno al derecho y a la justicia. Este hecho se agrava por causa de la lógica dominante de la economía y del mercado, que se rige por la competencia y no por la cooperación que armoniza e incluye. ¿Cuál es el papel de la ética?
La ética pretende descubrir qué hay detrás de la forma de ser y actuar del ser humano, así como de establecer "reglas" de lo que es "bueno" y lo que es "malo", es decir, en saber qué está bien y qué está mal como individuos y como sociedad. La ética como teoría y la moral como práctica son fundamento de los valores, de la bondad o la maldad del comportamiento. El mundo está cambiado y la humanidad ha cambiado más en los últimos cincuenta años que desde siglos y eso ha llevado a perder el norte de la brújula.
Desde el nacimiento de la modernidad, la ciencia y la técnica han ido sustituyendo al mundo antiguo. En el paradigma tecnocientífico moderno se busca, no el conocimiento, sino los efectos. Se trata de un paradigma práctico que busca controlar los procesos naturales y al mismo ser humano. Hoy la ciencia es capaz de leer literalmente el cerebro humano, implantarle un chip de memoria del tamaño de una micra con las mismas funciones que nuestra memoria, soldar las neuronas y, en breve, será posible volcar la información cerebral en un ordenador. Además, será posible cambiar cualquier elemento de nuestro cuerpo por otro de las mismas características producido a partir de nuestro ADN. Se va perfilando la posibilidad de mantener con vida ilimitada a un ser humano concreto.
La ciencia y la técnica van rebasando el límite de la vida y del conocimiento, haciéndonos casi dioses. Se cree poder destruir el planeta y construir vida en otro. Podremos modificar las leyes de la naturaleza porque conocemos su funcionamiento. Podremos transformar la realidad a nuestro antojo. Ese es el problema: nuestro capricho es el lucro, el consumo, la satisfacción de nuestros deseos.
Somos capaces de muchas cosas, hasta modificar genéticamente organismos para que reúnan ciertas características queridas por las empresas. Sin embargo, no somos capaces de acabar con el hambre de los seres humanos, ni de enfermedades que ya habían sido erradicadas. No somos capaces de cuidar nuestro planeta para que sirva para las generaciones futuras, ni lo somos de evitar la muerte y el sufrimiento de miles de millones de seres humanos. Y no lo somos porque no queremos. Es un acto de la voluntad, es un acto moral. Hacer lo uno y no lo otro son actos morales que nos cualifican como seres humanos. Vivimos e una época de inmoralidad radical, fruto del sistema que nos ha llevado al relativismo práctico, abono del sistema globalizado (cfr LSi 56. 119)
Cuando la técnica desconoce los grandes principios éticos, termina considerando legítimo cualquier práctica. La técnica separada de la ética difícilmente será capaz de autolimitar su poder. (LSi 136).



