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P. Rubén Macias Sapien sx.

COMPARTIENDO LO NUESTRO

Estimados lectores, en este mes hablemos de la cooperación misionera. La propuesta de tema: “compartiendo lo nuestro”, nos centra en esa acción que ya desde los tiempos de Monseñor Conforti ha marcado la acción misionera de una diócesis, una parroquia, un grupo eclesial dándole un tinte concreto a su compromiso misionero. 

Recodemos que toda misión, antes de ser una acción de la Iglesia es una acción divina; nos situamos entre la Missio Dei (misión de Dios) y la misión eclesial la cual esta al servicio de la primera y se rige según el modelo de ella. Bien lo decía San Pablo: “Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien lo hizo crecer. Nosotros somos colaboradores de Dios (συνεργοί), pero ustedes son campo y edificio de Dios” (1Cor 3,9). En ese sentido, debemos afirmar sin titubear que, en cualquier forma de evangelización el primado es siempre de Dios, que quiso llamarnos a colaborar con Él e impulsarnos con la fuerza de su Espíritu. “La verdadera novedad es la que Dios mismo misteriosamente quiere producir, la que Él inspira, la que Él provoca, la que Él orienta y acompaña de mil maneras. En toda la vida de la Iglesia debe manifestarse siempre que la iniciativa es de Dios» (EG 12).

Movidos por esta iniciativa de un Dios misericordioso que no pasa de lado ante el hermano caído (Cfr. Lc 10,25-37) sino que “lo monta en su cabalgadura y cuida de él”, así la Iglesia vive su llamado a la misión ad gentes colaborando de manera concreta en las necesidades del mundo a evangelizar. Papa Juan Pablo II ha insistido en la cooperación misionera como participación intereclesial de todo el Pueblo de Dios en la misión universal de la Iglesia, “derecho y deber de todos los bautizados” (Cfr. RMi 85); papa Francisco ha insistido también en combatir la auto referencialidad y convertirnos en una Iglesia en Salida al encuentro de todas estas realidades, aportando con nuestras obras a la acción divina que salva y redime a la humanidad. 

Esta manera participativa y eclesial también la vivió Mons. Conforti en su tiempo y a su manera; recordemos la situación grave de la Europa en la post guerra mundial, la misma realidad del inicio de la misión en China y sus iniciativas concretas para venir en ayuda con una colaboración efectiva y solidaria. “El obispo apareció en primera fila -dice P. Luca-. De inmediato instituyó en la ciudad una oficina del Comité de ayuda y puso a disposición, para los hospitales militares, su seminario de la ciudad y parte del Instituto de Campo Marte. Además, desde aquel momento, el Diario de la curia refiere con una frecuencia conmovedora que el obispo acudía a los distintos hospitales para llevar donde quiera una palabra de consuelo y aliento”. Insistía con su clero y sus feligreses, incluso influyendo en toda Italia a la cooperación y ayuda para los mas necesitados, las iniciativas surgían en muchas partes de su diócesis, guiados por su pastor. De igual manera en favor de la misión en China, las iniciativas no se dejan esperar, incluso hasta el grado de hipotecar la Casa Madre para venir en ayuda de sus hijos en tierras de misión. 

¿Y nosotros? Vale la pena preguntarse: ¿Cómo se vive y organiza la cooperación misionera en nuestras parroquias y diócesis? ¿Se percibe como “participación a la misión de Dios” o simplemente como colaboración con las misiones? ¿Qué haces tú para colaborar por un mundo nuevo?