Violencia en nuestras calles, inseguridad, guerras en nuestro mundo. Papa Francisco continuamente habla de una tercera guerra a cachitos. En efecto si volteamos nuestra mirada a nuestro pobre mundo nos damos cuenta que son 176, grandes o pequeñas, pero al fin guerras; guerras que martirizan a mucha gente en nuestro pobre mundo. Seguimos, día a día la invasión de Rusia a Ucrania y nos preocupa.
Todos ansiamos, deseamos vivir en paz. Sabemos que no es una ilusión, que no cae del cielo. Y esperamos que los políticos, finalmente, se pongan en paz y lleguen a acuerdos para que vivamos serenos. Y los políticos no nos darán la paz. Ellos viven de otros intereses: comercio de armas (muy rentable), intereses económicos, políticos.
Mantener, conservar la paz, es un arte. Requiere paciencia, tiempo. Nos necesita a todos. Poner pieza por pieza, día a día. La paz viene de nosotros, del ciudadano de a pie. La paz requiere mucho valor, brota muy de adentro. La paz es cuestión de amor, de respeto al otro, a la opinión de quien piensa diferente de nosotros. La paz es una batalla que gana quien da más amor.
No se trata de dividir, sino de unir esfuerzo. No se trata de separar: los míos, los que están conmigo y los demás: adversarios (que hay que vencer), enemigos (que hay que destruir). Es necesarios, mientras, unir, juntar, cada día.
Las heridas de la guerra quedan ahí. El amor las sanará. Empecemos a desarmar nuestras palabras. ¡Cuántas palabras de odio, de división salen de nuestros labios! Ahí está el origen de la guerra. Para vivir en paz necesitamos crear caminos de una mejor convivencia; implica siempre reconocer, por lo menos, la posibilidad de que el otro, el diferente a nosotros, el que piensa de forma distinta a la nuestra, podría tener otra legítima aportación; no será total, pero podrá tener por lo menos algo que se puede rescatar y mejorar nuestro punto de vista. Estará equivocado, pero tendrá una chispa que nos puede servir para construir la paz. Todos pueden contribuir. Las divisiones destruyen, eliminan. La unión da la fuerza para construir algo que beneficie a todos, y todos se sientan a gusto.
Podríamos enfrentarnos a varias preguntas. ¿Amo yo mi sociedad? La sociedad para mí, ¿es algo lejano, algo anónimo? ¿Me involucra, me compromete? O ¿no me importa? Y nos olvidamos que somos ciudadanos, responsables de nuestro entorno, de nuestra sociedad. Si nuestra sociedad está maltrecha, violenta, empobrecida, hambrienta, enferma, tendríamos que concluir: la culpa es mía. ¿Qué hago yo para que sea mejor?
Quisiera concluir con una canción que nos dice qué es la paz.
La paz no es una paloma. /La paz no es una ilusión;/la paz se hace cada día/a base de mucho valor. /La paz no cae del cielo, /La paz no surge del mar, /la paz brota muy de adentro, /La paz es cuestión de amar. /La paz es siempre respeto/a quienes son de otra opinión. /La paz nace en la justicia/y es signo de/un mundo mejor. / la paz es una batalla/que gana quien da más amor.



