Estimados lectores, en este mes estamos invitados a dejarnos entusiasmar por la Vida del Resucitado. Es Pascua, Él está vivo, es el Dios de la vida. Anunciar a Cristo Resucitado implica un compromiso por la vida, un compromiso para promover el respeto de la misma, generar actitudes que favorezcan la vida, en fin, vivir amando la vida.
Ya nos lo pedía el papa San Juan Pablo II y ahora el papa Francisco: “promover la cultura de la vida contra esta, la sociedad del descarte y de la muerte”. Ante la confusión, las ideologías, el relativismo, el positivismo jurídico, así como la cultura de la muerte y del descarte, estamos llamados a anunciar los grandes y valiosos contenidos de nuestra fe, con caridad, sencillez, auténtico ardor y un claro servicio a la verdad. (Cfr. Fratelli Tutti 87-127)
En cada época, los cristianos han tenido que enfrentar realidades de muerte y ahí anunciar a Cristo como “Camino, Verdad y Vida” (Jn 14,6); es nuestro turno, como lo fue también el turno para nuestro santo fundador, San Guido María Conforti, quien anunció el evangelio en el contexto de la primera guerra mundial (1914-1918); en la zozobra de la grande pandemia de la “fiebre española” (1918 – 1920 con más de 40 millones de personas fallecidas en todo el mundo), sin hablar del fascismo y el modernismo, como ideologías que sembraron por demás confusión y muerte en Parma y en Europa.
Llama la atención aquellas catequesis sobre el Padre Nuestro, dadas en la Catedral del Parma entre enero del 1917 y marzo de 1918; catequesis en las cuales San Conforti nos presentaba todo un programa de vida, en favor y por de una vida cristiana comprometida con la transformación de todas esas realidades que golpeaban la sociedad de su tiempo. “Venga tu Reino, exclamamos en el Padre Nuestro, ¿qué es, en efecto, nuestra vida si no un continuo anhelo hacia la región del refrigerio, de la luz y de la paz? Se preguntaba Conforti. “El Reino de Dios consiste, primeramente, en la posesión de aquella vida sobrenatural a la que Él nos ha engendrado con su obra redentora; de aquella vida nueva que da gratuitamente a todos los corazones que sinceramente desean y que, por consiguiente, da continuamente a la parte elegida de la humanidad”. Pero también el Reino implica compromiso, lucha por la justicia, por la verdad, en favor de la vida misma, “si la vida sobrenatural a la que Cristo nos engendró debe modelarse completamente en su vida, necesariamente tiene que ser una vida de santidad y perfección. El Reino de Dios que está en nosotros, deber ser, por lo mismo, reino de justicia, de aquella justicia que Cristo, con su ejemplo y con su palabra, ha venido a instaurar”. (Cfr. San Guido Conforti, El Padre Nuestro programa para la vida, pags. 35-49, EDIXA).
Basta leer la biografía de nuestro santo para encontrar ejemplos concretos de su lucha por la justicia y por la vida en Parma. ¿Y nosotros? Ante la cultura de la muerte imperante en nuestro tiempo ¿Qué podemos hacer? Todos los cristianos podemos y debemos colaborar con nuestras palabras, acciones y actitudes, y recrear en el entramado de la vida cotidiana una cultura de la vida y del encuentro, rechazando la cultura del descarte y la exclusión. ¿En qué consistirá tu compromiso Pascual en favor de la vida?



