La pérdida de las personas que amamos, nuestros proyectos truncados y tantas otras realidades, van haciendo que se debilite nuestra esperanza y quizá, nuestra pasión por seguir a Jesús disminuya. Reflexionando el relato de Lucas 24,13-35 aprendemos cómo el resucitado se hace nuestro compañero de camino. Busca devolvernos la esperanza perdida y llenar de sentido nuestra vida.
Nos encontramos con esta bella página de san Lucas, la cual nos narra la experiencia de los discípulos de Emaús. Un relato lleno de significado, de desconcierto, de incredulidad, de desánimo, de duelo, de búsqueda, de retos, de valentía, de presencia de Dios, de misión. Los discípulos estaban viviendo el dolor de la ausencia de Jesús en su vida, caminaban sin rumbo.
Cercano y disponible
Contemplemos algunos detalles de la escena: “Mientras conversaban y discutían, Jesús, en persona, se les acercó y se puso a caminar con ellos”. Jesús toma la iniciativa. Se transforma en oportunidad de curación, de una curación integral de toda la persona. Jesús se interesa por sus personas: “Él les dijo: De que discutían por el camino”. Jesús percibe en sus rostros y en el tono de su voz, la tristeza y confusión que hay en sus amigos. Los escucha.
Los discípulos se desahogan con Aquel que les sale al encuentro (Jesús resucitado) y platican con él: “nosotros pensábamos que él sería el que debía libertar a Israel. Pero todo está hecho, y ya van dos días que sucedieron estas cosas”. Hasta ese momento los discípulos no habían reconocido a Jesús. Pero él se muestra cercano y disponible. No los interrumpe, no juzga, no minimiza ni banaliza su dolor, no cambia de tema, no da fáciles consejos. Jesús hace posible dar voz al dolor que estaban pasando.
Confrontación realista
Jesús ayuda a los discípulos a tener una confrontación realista de la situación que ellos están viviendo. Los amigos del Maestro sólo contemplan la espera gloriosa del Mesías. Se olvidan de la vivencia dolorosa de la pasión. No es fácil aceptar la cara amarga de la vida. A algunas personas les es difícil afrontar el sufrimiento y la muerte y se intenta disfrazar. Jesús ayuda a confrontar a los discípulos. La voluntad de Dios no es que la humanidad sufra.
Jesús ilumina la mente de los discípulos por medio de las Escrituras: "Y les interpretó lo que se decía de él en todas las Escrituras”. Los discípulos desean que el amigo continúe con ellos: "Quédate con nosotros, ya está cayendo la tarde y se termina el día… Entró, pues, para quedarse con ellos”. Jesús ha hecho nacer en los discípulos una relación de confianza, de amistad, de simpatía hacia su persona. Se pasa de un encuentro casual a una comunión auténtica. Jesús es capaz de caminar con los discípulos en su tragedia.
Reflexión personal
Los discípulos de Emaús emprenden el camino llenos de desánimo, por la pérdida de su amigo y maestro: Jesús. En el caminar de mi vida, ¿qué situaciones voy encontrando que me desaniman y ponen en crisis mi fe? ¿Me dejo llevar por el desaliento? ¿Qué medios intento poner ante las dificultades? ¿Me dejo ayudar o acompañar por alguien?
Jesús resucitado, no ignora a los discípulos que van de camino a Emaús, él se hace el encontradizo para devolverles la esperanza. ¿He logrado reconocer al Señor que me acompaña en los momentos difíciles de mi vida? ¿Cómo lo percibo? ¿Qué sentimientos surgen en mí?
El corazón de los discípulos ardía de alegría cuando descubren quién es Jesús: cuando él los acompaña a comer; los discípulos tienen el deseo de comunicar esta experiencia a los demás. ¿Abro mi corazón para descubrir lo que Dios quiere de mí a través de la escucha de su Palabra, de la Eucaristía y del encuentro con los hermanos?


