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Xaverianos

PABLO y las Comunidades Cristianas

Autor: P. Carlos Mongardi /

En el lenguaje de Pablo, evangelización, evangelio, misión, primer anuncio –en griego kérigma- son palabras que definen el momento inicial del anuncio cristiano a los paganos. Incluso Pablo excluye de esta primera fase de su misión toda otra actividad apostólica sucesiva, como es el bautizar o fundar comunidades organizadas con alguna jerarquía. La evangelización, como anuncio de la palabra o de la proclamación de la fe, es un acto del mismo Dios.

Dios necesita de enviados o colaboradores en el anuncio de su salvación, pero: “¿Cómo van a invocarlos sin creer en él? Y ¿cómo van a creer sin oír hablar de él? Y ¿cómo van a oír sin uno que lo anuncie? Y ¿cómo lo van a anunciar sin ser enviados?” (Rom 10,14-15).

Los frutos de la primera predicación–kérigma, indica también el núcleo fundamental del anuncio cristiano, es decir la muerte y resurrección de Jesús, para nosotros- son la conversión a la nueva fe, el bautismo, el inicio de una comunidad organizada. La comunidad o Ecclesia formaba la unidad sociológica y religiosa del nuevo Israel o el nuevo pueblo elegido para dar testimonio de la realización de las promesas de Dios entre todos los pueblos.

En los Evangelios sinópticos, los carismas de los evangelizadores o los ministerios de la misión, eran tres: predicar el Reino, expulsar demonios y curar a los enfermos (Mt 10,1.7-8; Mc 3,14-15; 16,17-18; Lc 9,1-2). Pablo sólo se atribuye el carisma de apóstol y de maestro de los gentiles (Rom 11,13; 2Tim 1, 11). Una vez escribe que se siente padre de los creyentes (1Cor 4, 15) y siente la ternura de una madre con sus hijos (1Tes 2, 7).

El contenido de la primera evangelización paulina se enfocaba en Jesús muerto y resucitado por nosotros (1Cor 15, 8) y en su retorno como juez universal el último día ya bastante cercano (1Tes 4,15-17; 1Cor 15,52); además un anuncio del Dios verdadero y la crítica a toda idolatría (1Tes 1,9-10; Gal 4,8-9), rasgo constante en la predicación judía y en la filosofía helenista del tiempo.

También la primera predicación de Pablo presenta normas y orientaciones para la vida personal y comunitaria: vivir en Cristo Jesús como miembros de su cuerpo  (1Co 6,15) y templo del Espíritu Santo (1Cor 6, 19), con exigencias de respeto, justicia, unidad, fraternidad, oración y celebración litúrgica. Sin embargo, todas las cartas de Pablo están dirigidas a comunidades ya formadas, algunas de reciente fundación (1Tes, 1Cor, Gal) y otras ya con una cierta tradición (Ef, Col). Y se pueden entender como una reevangelización, una reafirmación y actualización del primer anuncio, en las situaciones concretas de la comunidad.

Pablo no tolera una nueva evangelización diferente de la primera (Gal 1,7-9), pero acepta que otros prediquen a Cristo, aunque lo hagan con malas intenciones (Fil 1, 15-18), de dividir, quizá, a la comunidad. Ciertamente no soporta la predicación de una figura de Cristo que no sea el crucificado (Gal 3,1). Un rasgo importante en esta reevangelización es el uso de la Sagrada Escritura para la organización de la comunidad, la función de los ministerios (1Cor 12-14), la lucha contra las divisiones, la problemática del poder político-religioso en el judaísmo y en el helenismo, el respeto a la autoridad (Rom 13,6-7), a las diversas clases sociales (1Cor 7,17-21) y a las formas sanas del matrimonio (1Cor 7,10-15).

Es poco visible el trabajo de inculturación sobre todo en el mundo helenista: muchas veces los rasgos de la cultura judía fueron asimilados o rechazados y queda una cierta separación con la cultura grecorromana, aunque alguno de sus rasgos ya se han integrado en el mensaje cristiano, como sucede en los evangelios.

Una característica presente es la preocupación del testimonio y anuncio cristianos a los paganos y a otras poblaciones. “Desde su comunidad ha resonado el mensaje del Señor, y no solamente en Macedonia y Grecia” (1Tes 1,8). Y a todos los cristianos recomienda que “se hagan súplicas y oraciones, peticiones y acciones de gracias por la humanidad entera… para que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tim 2,1.4).