Bueno ya que estamos en el ambiente del hospital suele suceder que “el Dios con nosotros” es decir el Emmanuel no deja de estar presente. Era el 14 de diciembre del 2012 después del mediodía, comíamos en el comedor de los doctores y al terminar le dije al cirujano principal: sabes, después de la comida, me retiro a echarme una siestecita, ya que estoy muy cansado, a lo cual él me respondió: está bien, yo en cambio me voy hacer las prótesis de la cadera para tu muchacho, (un joven de 24 años que nos había llegado con un problema de una fiebre reumática aguda que le sello los huesos de la cadera y no podía mover el fémur porque se había sellado con la pelvis). Apenas estaba preparándome para acomodar la cabeza en la almohada cuando tocan a mi puerta: ¡te buscan en el quirófano! voy luego luego, respondí. Cuando llegué al quirófano, el cirujano Bruno Panno me dice: ya tengo quince minutos tratando de romper el hueso donde debo meter la prótesis y nada, dile al muchacho que posiblemente no le vamos a poder hacer nada, ¡velo preparando!
Buena encomienda eso de traducir para la gente enferma y familiares, los diálogos entre doctores y enfermos, porque los doctores no hablan la lengua local (pero si hablan la lengua del corazón, que es la del servir con alegría), en este caso “es su servilleta” que debe traducir entre el italiano al bengalí, y en algunas ocasiones, entre italiano e Inglés.
Así que me dirigí al joven que estaba en la cama operatoria, con la raquea solamente de anestesia y esta fue mi pregunta: ¿Cómo estás, y cómo te sientes ahora? A lo que él me respondió: estoy muy bien y muy contento porque desde hace más de tres años y medio he estado esperando solucionar mi problema de salud, he venido con mucha esperanza y deseo salir muy bien de aquí, he puesto toda mi esperanza en ustedes (el chico, por supuesto, era un musulmán, como la gran mayoría de los que nos visitan al hospital y no sabía lo que el médico me había dicho). Entonces, le contesté al doctor: ¿sabes lo que me dijo el muchacho? Dice que le eches ganas y que él ha puesto toda su esperanza en nosotros.
Desmoralizado el doctor sólo me dijo: pues, ¡pídele a tu virgencita… que me ayude, ya que yo no puedo! El doctor me dijo eso porque dos días antes, yo les hablé a los doctores, todos italianos, del milagro que la Virgencita de Guadalupe hizo en nuestro país. Sobre todo, lo que sucedió con la conversión del obispo y la estampa que dejó en la tilma de Juan Diego, que hasta hoy continúa sin deterioro.
Mi respuesta fue: bueno, nomás porque tú me lo pides y comencé a rezar el Ave María y, cuando terminé la frase, de tu vientre Jesús, los huesos del muchacho comenzaron a saltar y él se vio libre de su pierna. Entonces el joven comenzó a moverse, cosa que los anestesistas, sin perder tiempo, le pusieron luego luego la anestesia general para que los dejara trabajar.
Me quedé ahí todo el tiempo que fue necesario viendo todo el trabajo de poner la prótesis en la cavidad donde se coloca la cabeza del fémur, parecía como si la hubieran mandado hacer, ante la sorpresa del cirujano y de los demás doctores que estaban asistiéndolo.
Estos son los gajos del oficio cuando se trabaja en nombre del Señor. Sé que El también forma parte del Equipo. Muchas gracias por su atención. Bye,bye.


