Teresita del Niño Jesús. Así resonaba en nuestros años mozos. Una muchachita de 15 años que se encierra en un convento de carmelitas descalzas. Clausura estrecha, eso es, encierro total. Hoy, alguien no acostumbrado a las cuestiones de la Iglesia, diría: otra forma de cárcel. Misterios de la vida, y de Dios: oración y trabajo, y toda una vida llena de alegría y donación. Sin embargo, en su encierro, el alma de Teresita vuela hacia pueblos lejanos sedientos de liberación y redención. Patrona de las misiones.
Y con papa Francisco reflexionamos: patrona de las misiones, pero nunca estuvo en misión, ¿cómo se explica esto? Y por ironía de la Providencia: proclamada Patrona Universal de las Misiones, al mismo tiempo que San Francisco Xavier, por el Papa Pío XI, el 14 de diciembre de 1927; el mismo Papa que la había canonizada el 17 de mayo de 1925. Xavier, peregrino incansable por todos los caminos de nuestro atribulado mundo, predicando y bautizando; Teresita, monja carmelita, encerrada en un convento, silenciosa y muda. ¿Por qué? Su corazón era vibrante, era misionero. Fue “hermana espiritual” de muchos misioneros con la oración y con las cartas que les escribía y enviaba.
En sus escritos confía: “Jesús está enfermo de amor… La enfermedad del amor solo se cura con amor”. Y añade todavía: “Quisiera salvar a las almas; olvidarme de mí misma por ellas…” Casi anticipándose a su muerte, declaraba: “Pasaré mi cielo en hacer el bien en la tierra”.
Todo esto nos podrá parecer raro y hacernos preguntar: ¿de dónde le llega todo este celo, esta fuerza misionera, la alegría de entregarse, olvidándose de sí misma? Tuvo la fuerza de salir de la prisión del egoísmo y de las quejumbres personales. Empezó, a sentir que la caridad-amor de Cristo entraba en su corazón y, como consecuencia de este amor, la urgente necesidad de olvidarse de sí misma y pensar en los demás, los más necesitados; que son los que no conocen y aman a Dios.
El papa Francisco, hablando de santa Teresita del Niño Jesús, concluyó así:
Ésta es la fuerza de la intercesión movida por la caridad, éste es el motor de la misión. De hecho, los misioneros, de los que Teresita es patrona, no son solo los que hacen mucho camino, aprenden lenguas nuevas, hacen obras de bien y son muy buenos anunciando; no, misionero es también cualquiera que vive, donde se encuentra, como instrumento del amor de Dios; es quien hace de todo para que, a través de su testimonio, su oración, su intercesión, Jesús pase. Y éste es el celo apostólico que, recordémoslo siempre, no funciona nunca por proselitismo —¡nunca!— o por constricción —¡nunca!—, sino por atracción: la fe nace por atracción, uno no se vuelve cristiano porque sea forzado por alguien; no, sino porque es tocado por el amor.
Después de estas palabras del papa Francisco, no nos queda que concluir afirmando: cada uno de nosotros, porque cristiano, apóstol-misionero de Cristo, estamos llamados a esta vocación misionera.

