Lucio Gregato nació en la provincia italiana de Treviso un 12 de mayo de 1940. Su vocación nace leyendo el periódico de su diócesis en el cual había un anuncio que decía: “se buscan albañiles, carpinteros y enfermeros para las misiones”. Cuando tenía 23 años entró con los misioneros xaverianos, después de seguir la formación necesaria hizo sus primeros votos religiosos en 1965. En 1968 fue enviado a Burundi donde 4 años después hizo su profesión perpetua en la familia misionera de san Guido María Conforti.
Lucio no quiso ser sacerdote, optó por ser hermano ya que la congregación también da esta posibilidad. Durante su formación pidió trabajar como albañil mientras construían un puente cerca de la comunidad donde vivía y así decidió ir a misión con la idea de ser un constructor. En Burundi construyó escuelas, iglesias, las casas de los misioneros, centros de salud hasta que fue expulsado del país, igual que a varios xaverianos, en 1981.
Luego de un tiempo en Italia, regresó a la misión, pero esta vez en la República Democrática del Congo, en 1982, y desde entonces permaneció en aquel país hasta el 2019. Su servició fue ser ecónomo y albañil al mismo tiempo. Son muchos los lugares en donde trabajó, tanto en Burundi como en el Congo, cuando terminaba una obra seguía en otra.
Los xaverianos así como la gente lo recuerdan como un hermano competente en su oficio. Tenía un equipo de trabajadores que llevaba a todas partes, él los había formado o les había dado la oportunidad de progresar, tenía un pintor, un carpintero, un electricista y albañiles. En cada lugar donde debía construir contrataba gente que eran guiados por su equipo de base.
Quienes lo conocieron y se beneficiaron de su trabajo coinciden en que trataba bien a sus trabajadores, les pagaba un salario digno, se preocupaba de su vida cristiana. Con su testimonio misionero animó a varios a recibir el bautismo y a casarse por la iglesia. Cada vez que terminaba una obra les hacía fiesta. Lo respetaban tanto que lo llamaron “Akina Bwana Frera” (Reverendo señor Hermano).
Una de sus grandes obras la dejó en la misión de Luvuingi, desde una de las montañas cercanas canalizó el agua hasta hacerlo llegar a este poblado, dándoles la posibilidad a todas las aldeas por donde pasan las tuberías de tener el agua cerca de sus casas, esta agua es más limpia que la de los ríos o riachuelos.
El P. Rinaldi resume así la vida del hermano Lucio: “A Dios le construiste una Casa en cada misión; a los cristianos, salones de catecismo; a los niños, escuelas; a los enfermos, hospitales; a los misioneros, ambientes dignos. Eres un verdadero hermano, xaveriano, el albañil de Dios”.
El hermano Lucio murió en Italia el 26 de marzo de 2020, víctima del covid-19. Su ejemplo nos invita a encontrar nuestro lugar en la Iglesia misionera de Jesucristo. ¿Y tú qué quieres hacer de tu vida?



