Estimados amigos lectores, durante los meses de junio y julio se nos propone valorar dos elementos necesarios para garantizar la paz: la justicia y el desarme. ¿Qué aprendemos de Conforti al respecto? ¿Cómo vivió y trabajó él para llevar adelante la lucha por la paz buscando justicia y alentando el desarme de su pueblo?
Recordemos el contexto en el que Conforti ejerció su misión de pastor y de misionero en la Italia de la primera guerra mundial, en la Italia del fascismo, comunismo y conflicto armado que ello implicaba. En agosto de 1914, momento en el que la guerra se convertía en un hecho en Europa, Conforti escribía una carta a su clero y a su gente en la que subrayaba el peligro y el horror de la guerra, y la total distancia que existía entre la misma y el anuncio evangélico. “Es de veras deplorable que, después de 19 siglos de cristianismo, que es ley santa de amor y de justicia, de fraternidad y libertad, todavía se considere la guerra como una necesidad ineludible, y se considere como indispensable definir las cuestiones y las divergencias que surgen entre los pueblos, entre las naciones, mediante la espada y el fuego de los cañones”.
El fin de la guerra mundial en Europa no trajo paz y justicia al pueblo italiano, en particular a la sociedad de Parma; de 1921 en adelante, las violencias fascistas y las respuestas de la izquierda caracterizaban la vida diaria de la ciudad y la provincia, con su consecuente derramamiento de sangre, pobreza y sufrimiento. El 5 de agosto 1922 se suscitó en Parma un conflicto armado, las camisas negras (fascistas) y los grupos de izquierda, y en medio, las fuerzas de la policía estaban a punto de derramar sangre. Conforti se presentó para mediar y buscar la paz, primero ante el prefecto y posteriormente ante Ítalo Balbo, jefe de los fascistas.
Posteriormente, Conforti en un mensaje a la ciudadanía hace un llamado a la paz, al desarme de los grupos y a la búsqueda de la conciliación y la justicia; con la autoridad de Pastor y sobre todo con amor paterno los exhortaba diciendo: “Y, superior y ajeno a todo partido por la naturaleza misma de mi ministerio sagrado, les digo a todos en nombre del bien común: depongan las armas y toda actitud belicosa y sacrifiquen los odios mutuos sobre el altar de la paz y de la concordia por el amor que deben a nuestra patria…; el odio acumula odio, las represalias provocan más represalias y, en lugar de poner fin a las discordias, las aumentan, haciendo siempre más infeliz la convivencia social”.
Mons. Conforti tomó postura ante los conflictos armados, ante la guerra, anteponiendio los valores evangélicos ¿Qué aprendemos de él ante la realidad de un México cada día más violento? ¿qué postura tomar al vivo ejemplo de Conforti? ¿Un desarme es posible en México?



