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Gerardo Custodio sx

La espiritualidad misionera en la educación 

¿Qué relación hay entre espiritualidad y educación? El término 'educar' proviene del latín y básicamente es guiar. A esto se conecta el sentido espiritual: 'formar', 'instruir'. La familia es la primera que forma, en donde sus miembros transmiten valores para adquirir una estructura propia. Las personas llegan a la escuela con una historia propia, no son robots que hay que programar. El alumno va construyendo su identidad a lo largo de cada etapa. La educación no termina completando ciclos, sino que es permanente y lo ayuda a crecer cada día. 

La espiritualidad proviene de la esencia humana porque el deseo de Dios está inscrito en el corazón de la persona. La espiritualidad está conectada con la educación, porque le da sentido, la orienta,  la perfecciona, la completa, le da plenitud. En la educación es necesario descubrir la perla de la espiritualidad para pulirla a diario y desarrollar los talentos y capacidades que lo lleve a distinguir lo bueno de lo malo.

No nos construimos repitiendo conceptos. La educación encamina hacia un desarrollo, prepara a la experiencia por la vida, a la relación con otras personas, para construir juntos la sociedad donde se vive. Debería ser un gusto aprender porque le va dando sentido a lo que se hace. Lo espiritual no es una sustancia volátil, sino que es real, se siente, se vive, se goza. Sin esto, la educación se vuelve una imposición fastidiosa porque no se descubre el sentido de lo que se aprende.

La espiritualidad misionera ayuda a la escuela a ver la sociedad como un fin por construir y siendo parte de ella, se aporte al bienestar general. Una educación de calidad es cuando ofrece elementos para descubrir lo bueno que se recibe y lo que uno puede dar para que otras personas puedan superarse. 

Jesús tocó la razón y el corazón. Hay que formar seres humanos, donde está unido lo racional con lo espiritual. Que lo que se aprende en la escuela se refleje en la vida cotidiana y pueda ayudar a una mejor calidad de vida para todos. Muchos líderes pasaron por escuelas católicas, pero lejos de una vida espiritual, porque no refleja una educación para el bien de la sociedad. Han hecho a un lado el bien común: cuidar el medio ambiente, los recursos naturales, el planeta, etc.

Una buena educación se relaciona con una espiritualidad abierta, misionera, de donde emergen actitudes de solidaridad, iniciativa, ética, etc. La finalidad es no sólo cumplir con un plan académico sino generar una mejor sociedad en la que el bien general se anteponga al bien particular. 

Como Xaverianos, también estamos en la educación con el lema: Evangelizar educando. Nuestro espíritu misionero alienta para que los valores que se proponen, uno cada mes, vayan echando raíces en la formación, que tanto académica como espiritualmente, se combinan para su crecimiento. Creemos que los jóvenes terminan con la convicción de ser personas llamadas a servir al bien de la sociedad. Si logramos esto, la espiritualidad ha formado parte de su educación.