Mi primer contacto con la Selva Amazónica y la Misión en la región Norte de Brasil aconteció en 1992, cuando aún era estudiante de Teología. El encuentro con la reégión amazónica, su diversidad de pueblos, costumbres y culturas fue para mí, un “Amor a primera vista” y, la realización del sueño que fue siendo construido desde los primeros años de formación para la misión. En 1996, terminé los estudios teológicos y partí para la “Querida Amazonía”, dando así inicio a la convivencia, conocimiento y vivencia de los valores evangélicos en medio de la grande diversidad de pueblos y culturas en esa región. En 1997, pasé a formar parte del grupo de los Xaverianos que trabajaban en la Pastoral Indigenista, actualmente llevo más de 25 años en dicha labor.
La misión de la Iglesia Católica en esa región es relativamente reciente, se compara con la llegada de los primeros misioneros. Las crónicas del inicio del siglo XX, dan cuenta tanto de la fundación de la Diócesis de Concepción del Araguaia con la llegada de los Frailes Dominicos y la creación de la Prelatura del Xingu, bajo la responsabilidad de la Congregación de los misioneros de la Preciosa Sangre de Cristo; iglesias locales donde trabajan los Xaverianos.
Algunas fases o etapas de evangelización, que pueden ser observadas en la mayoría de los países latinoamericanos son: Primero: la llegada de los colonizadores tanto españoles como portugueses, y se extiende hasta mediados del siglo XIX. Apoyados en el tratado de Tordesillas, firmado después que el Papa Alejandro VI, emitió la bula Inter Coetera, ambos países adjudicaron para cada uno la mitad de las tierras descubiertas, comprometiéndose a hacer llegar hasta éstas la expansión de la religión cristiano-católica. Con esto, los primeros misioneros estuvieron íntimamente dedicados a la expansión colonial de los países europeos, de allí que sea denominada como: “La evangelización a través de la Cruz y de la Espada”.
Segundo: Con la creación en 1622 de Propaganda Fide por el Papa Gregorio XV, le da una nueva orientación a la evangelización o expansión del cristianismo por todo el mundo. En este periodo que se prolonga hasta los albores del Concilio Vaticano II, acontece la llegada de las grandes congregaciones religiosas (Franciscanos, Carmelitas, Mercedarios. Salesianos…) a la región amazónica.
Misiones o asentamientos, colegios, haciendas e ingenios que daban soporte económico, fueron los lugares de la evangelización y catequesis del mundo indígena amazónico. Durante este periodo la misión de la Iglesia con los pueblos indígenas, se caracterizó por seguir las líneas de la llamada: “misión tradicionalista”. Algunos historiadores clasifican la catequesis aplicada a los indios como una forma de cristianización, señalada a través del bautismo. Sin decir que, en muchas ocasiones, el bautismo de los indios era visto no sólo como señal de salvación, sino también como medio de “civilización” e “integración” en la sociedad.
Tercero: Etapa de la misión y evangelización comienza a dibujarse allá por los años 1940- 50, con la realización de las Conferencias Latinoamericanas: Rio de Janeiro, Medellín, Puebla, Santo Domingo, Aparecida, que fueron concretizadas en la práctica con la realización del Concilio Vaticano II. A partir del pensamiento y espíritu del Concilio Vaticano II, la reflexión teológica sobre la misión cambió el paradigma de la “misión tradicional”, dando lugar a nuevas perspectivas y formas diferentes de concebir al “otro”, el sujeto de la misión.
En ese periodo y contexto acontece la llegada de los misioneros Xaverianos a la Prelatura del Xingu y, posteriormente a la Diócesis de Concepción del Araguaia. La llegada de los Xaverianos a la región, el trabajo y opción por la Pastoral Indigenista marcó de manera definitiva la integración de la Iglesia local al pensamiento y espíritu del Concilio Vaticano II. En el testimonio alegre y presencia silenciosa, en el diálogo paciente, en la contemplación y en la acción, en la caridad y en la lucha por la justicia, en el anuncio profético y libertador, se trata de un desdoblamiento del “Evangelio de la Gracia”, que es al mismo tiempo “Evangelio de la solidaridad” (Cimi, Plan Pastoral, 2003. n. 84).
Con la plena certeza que la misión es continua y sin fin, queda por tanto la interpelación, para todos aquellos que desean orientarse por el mismo camino del maestro Jesucristo, de mantener viva la llama de la esperanza, en la vivencia de los valores del Evangelio en medio de los pueblos y culturas autóctonas. En fin: Para que sea por todos conocido y amado, nuestro Señor Jesucristo.



