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Xaverianos

ENTRE MISIONOLOGÍA Y MISIOLOGÍA

Autor: P. Carlos Mongardi /

Estas dos palabras tienen el mismo significado: ciencia de las misiones, o reflexión teológica sobre la actividad misionera de la Iglesia, particularmente como preparación de los misioneros ad gentes, es decir, ir a otros pueblos y culturas.

 Escribe el documento del Concilio: “Es necesario, al futuro misionero, el dedicarse a los estudios misionológicos, es decir, conocer la doctrina y las normas de la Iglesia acerca de la actividad misionera… la situación actual de las misiones y también los métodos considerados hoy como más eficaces” (AG, n.26).  “Todos los misioneros han de prepararse y formarse… ante las exigencias de su labor futura. Su formación doctrinal debe abarcar la universalidad de la iglesia y la diversidad de los pueblos. Esto vale en todas las disciplinas en las que se preparan para el cumplimiento de su ministerio… Pero a esta formación global debe completársele, en la región a la que son enviados, con el conocimiento de la historia, las estructuras sociales y las costumbres de los pueblos… con sus tradiciones sagradas, acerca de Dios, del mundo y del hombre… No sólo del pasado, sino también de la época actual” (AG, n.26).

Hoy, la situación, ha cambiado profundamente, aunque no tengamos la misma conciencia del cambio ni la misma lectura de la práctica y teoría doctrinal de las misiones. Un maestro de Misionología en Roma dice: “En los 50 años desde el Concilio hasta hoy, ha habido una sobreabundancia de artículos y libros sobre la misión; sin embargo su significado no está claro: la misión se entiende cómo llevar el Evangelio a quien no lo conoce y no cómo dejar que el Evangelio guíe nuestra vida”. Esta propuesta me parece abstracta, suponiendo que el Evangelio pueda guiar nuestra vida sin que nadie lo predique. Ya san Pablo, en los primeros años de misión cristiana entre los paganos: “Todo el que invoca el nombre del Señor se salvará. Pero, ¿cómo van a invocarlo si no creen en él? Y ¿cómo van a creer sin oír hablar de él?, y ¿cómo van a oír sin uno que lo anuncie? Y, ¿cómo lo van a anunciar, sin ser enviados?” (Rom 10, 13-15).

 Además, afirma que la distinción entre la “misión”, como naturaleza de la Iglesia, y las “misiones” como actividad evangelizadora en los pueblos no cristianos, ha protegido al concepto de misión de los cambios en la actividad misionera de nuestro tiempo. Hoy, la teología de la misión crece conforme al modelo occidental de Iglesia y de la imposibilidad de trasplantar eclesiologías occidentales. Creo que para una nueva misión y misiones no basta el cambio de una teoría o de una palabra: la palabra “misionología” (ciencia de las  misiones para misioneros”) viene sustituida por la palabra “misiología”, (a partir de la “missio Dei” o misión que brota de Dios), considerando el mandato misionero de Jesús resucitado y el movimiento de la Iglesia primitiva que buscó actuarlo, como razones últimas de la misión, y como presupuesto de la tradición cristiana occidental, como normativa con la superioridad de la fe capaz de superar todas la resistencias.

Por desgracia, a lo largo de la historia de las misiones, la resistencia a las misiones originales y a las iglesias locales, con una liturgia, teología, espiritualidad y derecho propios, ha venido casi siempre de la misma jerarquía eclesiástica, centralizada. El modelo occidental de la Iglesia impuesto en todo el mundo va hacia a su fin, sin haber permitido nuevos paradigmas eclesiales ni eclesiológicos. La decisión de organizar una de las más importantes facultades de misionología en dos direcciones: teología de las religiones y nueva evangelización, me parece signo de impotencia, apoyada en una teoría de la misión, que ignora la reflexión sobre la praxis misionera cristiana y su justificación cristológica. La nueva evangelización debe ser tarea de todas las universidades católicas de teología, espiritualidad, moral, sagrada escritura y no de la misionología.