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Arq. Felipe Rico

El arte no conoció límites

En el Renacimiento tuvieron lugar grandes manifestaciones artísticas realizadas por verdaderos genios que hoy seguimos admirando. Como ya se ha mencionado en los artículos anteriores, el protagonismo del artista no era importante, ellos eran meros instrumentos anónimos para la realización de un arte dirigido Ad maiorem Dei gloriam (a la mayor gloria de Dios), lema que más tarde retomaría san Ignacio de Loyola. Hemos analizado la magnificencia del gótico en el que el protagonismo de san Bernardo de Claraval fue clave para su conceptualización y difusión a través de sus monasterios cistercienses.

No cabe duda de que las más sublimes manifestaciones artísticas creadas por el ser humano se encuentran estrechamente vinculadas con la fe y es precisamente en el seno del cristianismo en donde se han gestado la mayoría de estas expresiones que enaltecen la raza humana.

Durante el Renacimiento el ingenio, la creatividad y el arte no conocieron límites; se trata de un movimiento cultural europeo que surge en los siglos XV y XVI caracterizado por el retorno a las raíces grecolatinas clásicas de Occidente y por una profunda renovación del pensamiento filosófico, teológico, científico y artístico poniendo al ser humano como centro del universo, como referencia de todo lo creado siguiendo lo dicho por Pitágoras: “el hombre es la medida de todas las cosas”. Se buscó inspiración en las formas clásicas del pasado, pero también se introdujeron en ellas numerosas innovaciones técnicas.

El primer periodo del Renacimiento inicia en 1420 teniendo como «capital» la ciudad de Florencia. A partir del año 1500 se traslada a Roma alcanzando un desarrollo glorioso sin precedentes. A diferencia de la época medieval, surgen dos fenómenos importantes: el protagonismo y el secularismo; es decir, se comienzan a firmar las obras de arte y a producirse a mayor escala fuera del ámbito religioso patrocinadas por las altas clases sociales a través del mecenazgo.

Dentro de sus grandes protagonistas se encuentran Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel Buonarroti, Rafael Sanzio, Sandro Botticelli, Donatello, el Greco, Jacopo Vignola, Leon Battista Alberti, Filippo Brunelleschi, Giorgio Vasari, Alberto Durero, Masaccio, Piero della Francesca, Perugino, Tiziano, Giovanni Bellini, Giorgione, Tintoretto, el Veronés, Donato Bramante, entre otros. 

Las obras que más recordamos son los frescos de la Capilla Sixtina, la Escuela de Atenas, la Última Cena; pinturas como la Gioconda, el nacimiento de Venus, la Transfiguración, la Primavera, las Cuatro Estaciones. En esculturas se encuentran la Piedad, el Moisés, el David; en arquitectura, la misma basílica de San Pedro, solo por mencionar algunas de la basta lista de grandes obras maestras.