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P. Felipe López s.x.

Una forma de pensar

Hola amigos, soy el padre Felipe López, un saludo desde Japón, un país de 128 millones de habitantes de los cuales alrededor de medio millón son católicos.

Durante estos últimos meses dentro de la Iglesia continuamente se habla de la sinodalidad o como lo traducen el caminar juntos. Entrar en este proceso que el papa Francisco ha propuesto, desde la realidad que se vive en Japón es un reto, ya que a veces los lazos de la costumbre y la cultura son más fuertes que la religión.

A partir de lo que he visto, puedo decir que aquí en Japón se tiene un fuerte respeto casi ciego por la autoridad, tanto a las autoridades mayores como al jefe inmediato, ya que tradicionalmente la autoridad decide, y si se equivoca asume su responsabilidad, y en caso de que sea necesario, pedirá disculpas. Por tanto, vivir la sinodalidad desde el punto de vista de tomar decisiones juntos, en la cultura japonesa es prácticamente imposible.

Quisiera compartir con ustedes mi experiencia de trece años de misión en tres aspectos:

Primero, con respecto a la familia xaveriana, puedo decir que en general, a pesar de vivir en un ambiente no cristiano, no nos dejamos vencer por la tentación del individualismo o del protagonismo, sino hacemos el esfuerzo de programar las actividades que realizamos como comunidad para caminar juntos. Es cierto que nos hace falta compartir más la propia experiencia, para poder tomar mejores decisiones juntos.

En segundo lugar, en el ambiente parroquial donde he trabajado he encontrado diferentes tipos de situaciones. Al ser pequeñas comunidades, en algunas de ellas se siente un espíritu de familia, lo que les ayuda a ponerse de acuerdo y tomar decisiones juntos según la necesidad de los fieles y el párroco. En algunas comunidades que son más numerosas, junto con el consejo pastoral logran programar y caminar junto con el párroco y autoridades eclesiásticas. También existen comunidades que se va adelante solo por inercia y la costumbre, seguido se escuchan frases como “siempre se ha hecho así”, no se reflexiona en conjunto párroco y fieles, por tanto, no se cambia.

En tercer lugar, me gustaría expresar un poco de mi experiencia en el trabajo dentro del kínder de niños. Conviene señalar que la mayoría de las maestras no son católicas, aun cuando trabajen en colegios católicos, y comparten la misma mentalidad de la cultura japonesa que muy bien lo expresaba un día uno de los misioneros que tiene más tiempo de misión: “al que tiene más tiempo trabajando en un lugar es al que se respeta u obedece, aunque no tome la mejor decisión, y se aparentará que todos han tomado esa decisión. Una forma de pensar así influye negativamente, muchas veces no ayuda a avanzar y no fomenta la participación.

Aunque conviene decir que hay sus excepciones, en uno de los kínders en los que he trabajado, siempre con espíritu xaveriano, puedo decir que tuve una muy buena experiencia de sinodalidad. Uno de los elementos importantes que nos ayudó a lograr este objetivo fue la “comunicación”, no entendida solo como información, sino como un medio para compartir, corregir, buscar nuevos caminos para resolver las dificultades y recrear las cosas y costumbres ya existentes.

Como se han podido dar cuenta el tema de la sinodalidad en este país y en esta cultura es muy difícil tratar. Algunas veces he escuchado decir “que es mejor que alguien decida y basta, así no se tiene ninguna responsabilidad”, una forma de pensar muy diferente a la invitación del Papa, de vivir con un espíritu cristianos que nos anima a caminar juntos, y más aún diría yo, es una invitación a vivir el sueño de nuestro santo fundador Guido María Conforti de hacer del mundo una sola familia.