El mes pasado, hemos hablado sobre la dinámica sinodal utilizada por san Conforti en su diócesis, en particular de tres instrumentos usados por él: las visitas pastorales, los congresos eucarísticos y catequéticos y el sínodo diocesano. En esta ocasión, quisiéramos darle una atención particular al sínodo diocesano, llamado “el vértice” de la expresión sinodal por la comisión teológica que está guiando este momento de reflexión en nuestra Iglesia del siglo XXI.
Monseñor Conforti es consciente de la importancia de este instrumento, es así que el 8 de diciembre de 1913 convoca a su diócesis un concilio el cuál se realiza del 6 al 8 de octubre de 1914. Un detalle que llama la atención y que demuestra la importancia que él le daba a este instrumento de sinodalidad era el ambiente de espera y de inmovilización que había en las diócesis de Italia, pues, para ese tiempo se habían presentado unos borradores del Nuevo Derecho Canónico. “Muchos obispos, pero no Mons. Conforti, consideraron útil esperar la publicación definitiva del Código para convocar al sínodo”. Él, sin embargo, lo convoca.
En sus planteamientos, “Mons. Conforti, así como la totalidad de sus hermanos los obispos italianos, no se coloca en el campo de unos cambios sustanciales de estructura, sino que vuelve a proponer el modelo ya consolidado de Iglesia y pastoral, con una convencida fidelidad y una atención particular por la catequesis y la formación. No le falta, sin embargo, la capacidad para detectar fermentos de novedad y los peligros difusos, desde el socialismo hasta el espiritualismo anglo-francés del comienzo del siglo XX”.
Entre las normativas dadas por este concilio para la diócesis de Parma, resalto algunas que nos hacen ver este sentido de iglesia, de participación, para responder a los desafíos pastorales que enfrentaba y los caminos que se propusieron recorrer. Se comprometen a difundir en todas las parroquias el modelo catequético para los niños que se había elaborado en 1913 en el documento: “Amonestaciones al clero”. Además, se dedica un capítulo del sínodo al asociacionismo y otro a la emigración. También se retoma la opción de Mons. Conforti por difundir los círculos católicos juveniles, en cada parroquia o por lo menos a nivel inter parroquial. Se asumen las normas y las líneas de Pio X sobre la primera comunión y sobre la comunión frecuente.
En el capítulo “De fide” se pone atención sobre los fenómenos sociales que vivía la sociedad de ese tiempo, como el socialismo, el modernismo, evitando una profundización teórica, y planteando un contraste de tipo pastoral y positivo, y no solo polémico. También, la disminución del clero es enfrentada mediante algunas indicaciones para lo que hoy en día se llama la pastoral vocacional y con algunas premisas e indicaciones para consentir el apoyo entre párrocos cercanos en la celebración de los sacramentos. En el mismo capítulo “De fide”, al comienzo del documento, se proponían las obras de la Santa Infancia y de la Propagación de la fe.
En fin, estas normativas, como otras no mencionadas nos hacen ver el deseo de san Guido de vivir una pastoral de comunión y participación.



