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P. Marcos Garduño sx

No tengamos miedo

El inicio de un nuevo año siempre nos hace desear que las cosas sean mejores, a sentirnos más disponibles para colaborar y mejorar lo que no camina bien tanto en nuestras vidas como en nuestro mundo.

El pasado 10 de enero, el papa Francisco pronunció un discurso, en una audiencia especial a todos los embajadores de los países que mantienen relaciones diplomáticas con el Vaticano, en el cual destacó nueve puntos importantes referentes a la paz, al perdón y al deseo de seguir caminando juntos hacia la construcción de un mundo en paz, especialmente ante la realidad tan dura que enfrentan los más vulnerables a causa de la situación creada por la pandemia a nivel mundial.

A los presentes los exhortó a seguir luchando para que la mayor parte de las personas alcancen a ser inmunizadas con las vacunas o los medios que la ciencia vaya proporcionando, así como continuar con las medidas de prevención, no encerrándonos en nosotros mismos, sino sintiéndonos con los demás, parte de un solo cuerpo, de una sola familia.

Así mismo, recordando sus recientes viajes que ha hecho a países que viven fuertes acontecimientos de violencia, guerra y afectaciones económicas, como Líbano, Irak, Hungría, Eslovaquia, Chipre y Grecia, los invitó a ser solidarios y ayudar a estos países para que puedan recuperar su dignidad y valía.

Volvió a recordar la grave situación que representa en estos tiempos la migración. Agradeció a las personas y gobiernos que se esfuerzan para garantizar una buena recepción, sin ignorar las dificultades que esto representa. Mencionó que no solo es un problema que se vive en Europa sino en gran parte del territorio mundial ya que las causas para que una persona deje su tierra son muchas, como la privación de la libertad, carencias económicas y otras situaciones fuertes que se agudizan más por la pandemia. Por eso invitó a los embajadores a seguir colaborando en el cuidado de la vida de aquellos que lo dejan todo por ir en búsqueda de mejores condiciones para sus familias.

También mencionó que las causas por las que las relaciones entre los países y las organizaciones internacionales se encuentran en crisis y con poca credibilidad, es por intentar imponer una colonización ideológica, sin escuchar y valorar las culturas locales, intentado uniformar las diferencias que de por sí existen naturalmente.  Es necesario por tanto dar marcha atrás con esas pretensiones, saber respetar y escuchar, reconocer las diferencias, para que en las relaciones haya respeto y justicia, viviendo en un mundo que promueve el respeto y la paz.

Terminó su discurso recordando a los oyentes que Dios tiene para nosotros “planes de paz y no de desgracia, de darnos siempre un futuro y una esperanza”, citando al profeta Jeremías (29,11). Los animó a no tener miedo de involucrarse en los caminos y en las acciones que pueden llevar al mundo a la paz, y puesto que es algo que muchos desean, se puede volver contagioso, no encontrando dificultad para conseguir colaboradores que ayuden a alcanzar este fin querido por muchos y deseado por Dios.