Skip to main content

Después de cuatro siglos de férreas persecuciones por parte de judíos y romanos en contra de la Iglesia de Cristo, en el año 313, el emperador Constantino promulga un edicto en la ciudad de Milán para establecer la libertad de culto y con ello el cese de las persecuciones. Pocos años más tarde, con el emperador Teodosio el cristianismo se volverá la religión oficial del imperio romano.

 Estos acontecimientos dan un giro total a la forma y estilo de vida de los Seguidores del Camino. dejando a un lado su vida oculta, las domus ecclesiae y se suben al podio de las grandes y lujosas basílicas imperiales. No hay más prohibiciones para representar al Dios invisible, el mismo emperador pone a disposición sus artistas y constructores para edificar magníficos edificios de culto y para la creación de obras artísticas como los esplendidos mosaicos que cubren los muros internos de los edificios representando a Cristo Pantocrator (Todo poderoso), la Virgen María como la Theotokos (Madre de Dios), además de una infinidad de ángeles y santos monumentales. Toda la suntuosidad y el lujo fueron puestos a disposición para honrar al Dios de los cristianos.

Pero ¿A qué se debió tal cambio repentino? ¿Por qué el violento, astuto y ambicioso emperador puso sus ojos en la insipiente religión mayoritariamente de los pobres y esclavos? Constantino buscaba a toda costa hacerse del imperio para el solo.

Antes de la batalla contra su último rival Majencio, tuvo una visión en la que aparece en el cielo una señal en forma de cruz con un texto inscrito que decía: «In hoc signo vinces» (En este signo vencerás). Inmediatamente el general romano cambió sus emblemas militares por la cruz de su visión y la victoria le fue dada. Dicho acontecimiento cambió para siempre la historia del cristianismo.

Sin duda que este hecho fue providencial que, posteriormente, permitió a los misioneros anunciar el Evangelio con rapidez y sin mayor dificultad dentro de los límites del mundo romano;  pero es de reconocer que todo tiene su precio, la frescura del Evangelio como estilo de vida de los primeros cristianos fue dando paso a una práctica religiosa ritualista, institucional e imperial en donde las túnicas humildes de los obispos se transformaron en lujosas vestimentas muy al estilo palaciego.

Podemos enumerar algunas características artísticas y constructivas de esta época:

  • En cuanto a su concepción arquitectónica, el templo se trata de una gran sala rectangular compuesta por una o más naves soportadas por columnas en donde la parte central es más alta y ancha.
  • La cabecera de la basílica, como el lugar tradicional para el emperador, es utilizado por obispo.
  • Las enormes dimensiones y formas se adaptan a las necesidades de los innumerables fieles que se incorporaban a la nueva religión.
  • El altar, que en todas las culturas y religiones permanecía fuera del templo, por primera vez los cristianos tuvieron la originalidad de trasladarlo al interior de sus nuevas basílicas, un hecho inédito que no podría ser de otra manera ya que representa a Cristo.
  • Como ejemplos se encuentran la basílica de Santa Sofia en Estambul del año 360. Santa Sabina en Roma del año 422, San Apolinar in Classe en Ravena del año 547, entre otras.