En África específicamente en la República Democrática del Congo encontramos en nuestras parroquias una diversidad de personas llenas de entusiasmo, que me recuerdan a las multitudes que seguían a Jesús porque querían escuchar su palabra (Lc 4, 42). A diferencia de América o Europa donde las iglesias han comenzado a vaciarse y hasta algunas de ellas se han convertido en museos, aquí hay un pueblo religioso, la gente quiere escuchar a Cristo.
En las parroquias no faltan las actividades que llamamos “de base” como son las diferentes etapas de la catequesis en preparación a los sacramentos de la iniciación cristiana, celebración de los sacramentos durante todo el año, grupos que se reúnen para hacer oración, para cantar; los diferentes movimientos de niños, de jóvenes, el movimiento carismático entre otros. Junto a estas actividades también se realizan actividades de desarrollo humano.
Un reto para la Iglesia en el Congo, es la sed que tiene las personas para encontrar una solución a las diferentes problemáticas que vive como la situación gubernamental, la extrema pobreza o las marcadas barreras del tribalismo que impiden procesos de comunión aun entre los mismos agentes de pastoral. No quisiera hacer pensar que en este pueblo no hay carismas y dones, existen y están presentes, pero muy aislados, y en muchas ocasiones olvidados, y no valorizados.
Aun cuando el Congo es considerado como un país en vías de desarrollo, sin embargo, participa de los avances tecnológicos como es el celular, a pesar de que los servicios de telefonía no siempre funcionen, permiten acceder al mundo de los mass media, provocando en la adolescencia y en la juventud la búsqueda de otros intereses que los hace muchas veces perder los valores recibidos, y en algunos de ellos, incluso a considerar que Dios no es necesario. Hago mención de esta situación porque influye también en la concretización de la comunión, participación y misión de la Iglesia hoy, ya que nos llama a retomar el sentido de nuestro bautismo y la necesidad real que se tiene de ver una Iglesia en misión a través de un obispo cercano, un sacerdote hermano, una religiosa cercana y un laico comprometido que sean la imagen de Cristo presente en este mundo cada vez más fragmentado y superficial.
Evitando el protagonismo, enfermedad que dificulta la comunión, el testimonio y no ayuda a descubrir la fuerza que una Iglesia unida puede lograr. Así mismo, en nuestra misión nos hace falta darle el lugar que merece a quien ha tenido un encuentro personal con Cristo, sea hombre o mujer, adulto o joven, ya que Dios no se limita para escoger los medios para comunicarnos su Palabra.
Al reflexionar sobre una Iglesia más participativa y en comunión, nos encontramos con diferentes posiciones y experiencias personales diferentes. Para algunos, como comenta un cristiano joven, casado y con familia, siente una cierta nostalgia de los primeros misioneros que llegaron a su parroquia organizaban todo, dejando una huella no solo en la primera evangelización, sino en los diferentes aspectos de la vida parroquial. Otro agente pastoral que trabaja en la pastoral matrimonial comenta que su parroquia manifiesta paz y armonía, la pastoral es bien distribuida, participativa y en comunión entre los agentes de pastoral con el párroco; es una parroquia atendida por religiosos.
Otro elemento en la participación de los fieles en la vida parroquial es la imagen y el testimonio que dan los agentes de pastoral ya que cuando estos no toman el encargo recibido con una actitud de servicio a la comunidad, influyen negativamente para que surjan nuevas vocaciones.
Para algunos cristianos el aspecto económico es una limitación para acercarse a los sacramentos, ya que debido a su situación no pueden pagar la colaboración que se pide. Sin embargo, como lo menciona un religioso de aquí, entre los cristianos existe una gran solidaridad para hacer frente a las necesidades que el gobierno y su estructura no logra cubrir. Esta solidaridad entre los cristianos ha favorecido para que la Iglesia sea considerada como un punto de referencia y de acogida, un lugar donde existe una esperanza de comunión.
Desafortunadamente como clero local aún queda mucho camino por recorrer, ya que en ocasiones se pierde la oportunidad de atraer las personas a la parroquia, por la falta de testimonio, de creatividad y sacrificio; y estas ocasiones son aprovechadas por los pastores de las sectas para atraer adeptos.
Podemos concluir que nuestras parroquias podrían trabajar más en conjunto con la diócesis, y la diócesis proporcionar la información y medios para que la comunión sea real y concreta. Una apertura de pensamiento es urgente para que la participación pueda dar sus frutos.
Las necesidades materiales siempre estarán presentes, pero sintiéndonos todos parte de la misma Iglesia, y con la participación de todos se puede lograr repetir lo que nos narra el libro de los Hechos de los Apóstoles sobre la primera comunidad, de que nadie pasa necesidad. Para lograrlo, es necesario que nos unamos, dejando a un lado las diferencias para la fuerza necesaria y lograr construir una Iglesia sólida y viviendo en comunión, testimoniando su misión con una participación conjunta y armoniosa.
“Caminar juntos”, es la naturaleza de la Iglesia, y en estos tiempos que nos ha tocado vivir es aún más comprometedor. Tenemos mucho camino por andar.



