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P. Rubén Macías s.x.

La realidad eclesial en tiempos de Conforti

Estimados hermanos y hermanas lectores; conozcamos la realidad eclesial y social en la cual san Guido ejerció su ministerio como pastor. Recordemos que en la Europa de inicios del 1900 una corriente modernista impregnaba todos los sectores de la sociedad. En Italia el modernismo se caracterizaba en particular por dos aspectos: el anticlericalismo y un movimiento social que promovía no solo una renovación cultural, teológica y bíblica, sino también política. Incluso a nivel eclesial, muchos sacerdotes se unían a estas corrientes.

Además de enfrentar el modernismo del clero, recordemos otros acontecimientos históricos que ocuparon su ministerio de Mons. Conforti como son la difícil reanudación del Movimiento Católico, la trágica huelga de 1908 — con ocupación y violencia socialista —, la gran guerra de 1914-18, las huestes fascistas y la difícil reconciliación entre el Estado italiano y la Iglesia (1929).

Durante su breve servicio pastoral en Ravena, el obispo Conforti “se metió inmediatamente de lleno, con todo su celo en el diálogo con los “lejanos” y en la visita pastoral, encontrando las iglesias no solamente vacías sino, a veces, hasta cerradas. También se interesó en la formación de los seminaristas y en la reforma del clero (dividido en partidos, desanimado pastoralmente y con un fuerte descuido en la vida espiritual)” (Piersandro Vanzan S.J., “La Civiltá Cattolica” No 3505, 1996: 31-44).

Como sabemos, su salud le impide continuar y “con gran sentido de responsabilidad, después de ni siquiera 22 meses presenta su renuncia y regresa humildemente a su Instituto, convencido de que tenía poco tiempo para vivir” (ibidem).

En Parma también corrían aires modernistas, la diócesis tenía más de 50 parroquias sin párroco, el anticlericalismo impulsaba a celebrar matrimonios y funerales solo por lo civil, incitaba a no bautizar a los hijos y más acciones que dividían al pueblo de Dios. Ante esta realidad, el obispo Conforti “contestaba mediante una sólida formación teológico-pastoral y espiritual del clero, una modernizada instrucción religiosa del pueblo y el relanzamiento de las asociaciones laicales (especialmente de la Acción Católica), sin descuidar la buena prensa ni el Movimiento Católico. Para la instrucción religiosa del pueblo fundó escuelas de doctrina cristiana en todas las parroquias, formando a catequistas (y valorando al máximo a las mujeres) mediante específicas iniciativas culturales, religiosas y pedagógicas, realizando la primera “semana catequística” italiana.

En la misma línea promovió la misión hacia el pueblo, recuperando con trabajo, pero con firmeza, los espacios de la fe y de la religiosidad que antes estaban en peligro. El alma de todo, sin embargo, es la oración: única fuente de todo el bien que sigue. De este suave e intenso amor hacia Dios, brotaba luego el otro igualmente suave y fuerte amor hacia el prójimo que lo hizo un emblemático “hombre de comunión” o de la caridad pastoral excelente, que se manifiesta tanto en sus innumerables audiencias — porque el Buen Pastor quería conocer a sus ovejas, oír sus problemas y ayudarlas en sus dificultades —, como en cuidar la formación de base (seminaristas) y permanente del clero, sin olvidar las cinco visitas pastorales, los dos sínodos diocesanos, las incontables juntas de vicarias y foranías” (ibidem).

¿En qué se parece la realidad eclesial que vivió Conforti a la nuestra? ¿En qué se parecen nuestras acciones pastorales?