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P. Marcos Garduño sx

Restaurar a la Madre Iglesia

Para nadie es un secreto la crisis que enfrenta la Iglesia católica en los últimos años a nivel mundial, debido a una desacreditación social y al abandono de muchos de sus fieles. Para algunos es señal que no solo es crisis institucional sino también una crisis de fe. Todo esto se ha desencadenado debido a los diferentes tipos de abusos cometidos por algunos clérigos, provocando escándalos y denuncias de los mismos, que en muchos casos las respuestas de los líderes religiosos no han sido satisfactorios, y propagado exageradamente por algunos medios de comunicación.

De todo esto, la Iglesia de México no queda ajena. El mismo Episcopado mexicano, ha reconocido y ha dado a conocer públicamente un listado de sacerdotes involucrados en estas desviaciones, pidiendo perdón y mostrando su disponibilidad para colaborar en la corrección de tal situación, en la medida de lo posible.

Hablando desde el punto de vista sociológico, podríamos decir que estamos en una situación catastrófica y de decadencia de la Iglesia católica, sin embargo, no podemos quedarnos estancados en una visión meramente social, mundana y meramente terrena. Sin negar esta frágil realidad de nuestra Iglesia, constituida por personas pecadoras, no se limita a ser una institución que se baste a sí misma, ella sabe que su constitución principal se enraíza en la trascendencia de la fe y se sabe santa, puesto que ha nacido al ser derramado el Espíritu Santo sobre ella. Este Espíritu que surge de ese amor entre el Padre y el Hijo, manifestado en el acto de reconciliación en la entrega de la cruz, en donde la humanidad entera queda abrazada totalmente por esa divinidad santa que redime y salva.

Retornando nuevamente a los signos de los tiempos en nuestra historia actual, podemos ver cómo desde la elección del papa Francisco se creó una nueva expectativa en la Iglesia, aunque para algunos parece que no ha tenido los resultados esperados en los intentos que ha hecho para renovar la institución, a través de los signos concretos personales, sus escritos y sínodos, porque a pesar de su buena voluntad, consideran que no ha respondido suficientemente a los cambios que exige la realidad y las afectaciones negativas que muchos clérigos han provocado en personas concretas, que esperan justicia.

Últimamente, el Papa ha lanzado el proyecto del sínodo, donde se habla precisamente de la sinodalidad, esperando que este trabajo se pueda concluir alrededor de tres años, en el que todos los fieles se sientan escuchados e involucrados y, actores de esta renovación esperada de la Iglesia, con ello intenta inyectar un nuevo entusiasmo, en un ambiente de oración y docilidad al Espíritu de Dios.

Otro signo que nos deja ver este deseo, es que el 7 de diciembre pasado, se dio a conocer que fue modificado el libro IV del derecho canónico, en lo referente a los delitos graves y que se reservan al dicasterio de la Santa Sede, concretamente la Congregación para la Doctrina de la Fe. Esto significa una novedad a nivel mundial, puesto que se ha acusado a la Iglesia de no dar suficiente importancia a las faltas graves, ya que prevén, el comparecer ante la autoridad civil a quienes hayan cometido algún delito.