A continuación, presentamos algunos testimonios de algunas personas que han recibido algún favor gracias a la intercesión de san Guido.
Vivo en Salamanca, Gto. Soy católica desde que tengo uso de razón, ya que mis padres lo eran y me inculcaron la fe en Cristo desde el seno familiar; sigo el carisma Xaveriano desde hace más de veinte años. Tuve la oportunidad de leer la biografía de san Guido que escribió el padre Ángelo Manfredi. Hubo una frase que impactó mi vida desde que la leí, “Yo lo miraba y Él me miraba a mí y parecía decirme tantas cosas”. Desde entonces me sentí atraída por conocer más acerca de este Santo. Conocí su espiritualidad, sencillez y humildad.
En el año 2016, mi hija menor pasaba por una crisis con su novio y desde entonces se la encomendé a san Guido, para que ella superara esa crisis y encontrara la paz que su espíritu necesitaba. Esta interseción la hacía todas las tardes en mis oraciones. Hasta que, por fin, mi hija encontró la paz deseada y encontró a una buena persona con quien vive actualmente felizmente casada y realizada como madre, ya que ese era su deseo desde niña. Esto ha sido posible gracias a las oraciones en las que le pedí a san Guido para que intercediera por su paz, tranquilidad y felicidad. Gracias a san Guido se logró este milagro de fe.
Irma Armida nieto Montoya
Somos una familia católica de Salamanca Gto, y en gran parte de nuestra vida la congregación Xaveriana ha estado cerca de nosotros, cumpliendo su misión de “Hacer del mundo una sola familia “.
Les comparto que estamos muy agradecidos por la milagrosa recuperación de mi pequeña hija Ana Sofia, que con su llegada Dios bendijo mi familia por segunda vez. Al nacer Sofí, el médico pediatra nos informó que tenía una condición de salud delicada y nos dio un diagnóstico reservado grave, no compatible con la vida.
La fuerza de la fe, la confianza en Dios y las ganas de vivir que Sofí nos demostraba, se unió a las oraciones que familiares, amigos, y la familia Xaveriana, hacíamos a la Santísima Virgen María y san Guido María Conforti, para que intercedieran a Dios para que recuperara su salud. Nuestra pequeña fue hospitalizada, y tuvo una rápida y oportuna atención médica, al tercer día de nacida le fue realizada una cirugía con pronóstico reservado. Siempre confiando en Dios, sale de cirugía bien y comienza su recuperación con varias batallas y complicaciones librando una a una durante 2 semanas.
Estando en la Unidad de Cuidados Intensivos, recibe el sacramento del Bautismo y sale en milagrosa recuperación ese mismo día a la sala de cuidados intermedios y un par de días más la dan de alta en el hospital.
El camino aún fue era largo, recibió tratamiento de diferentes especialidades médicas y 2 intervenciones quirúrgicas. Cuando Sofí salía de recuperación siempre con su gran sonrisa feliz, para nosotros era de verdad una manifestación del amor de Dios. Nuestra pequeña guerrera siempre acompañada de nuestras oraciones, le dan el alta definitiva a la edad de 4 años.
Estamos seguros que durante este camino Sofí estuvo acompaña siempre de la Santísima Virgen María y San Guido pues nos encontramos con ángeles (médicos, enfermeras, personal de hospital) que nos ayudaban y brindaban la mejor atención para ella.
Agradecemos a la Familia Xaveriana por su apoyo, oraciones, misas y que, estando Sofí hospitalizada, la fueron a visitar los Seminaristas e hicieron oración con ella por su recuperación, siempre pendientes de de salud.
Dios Todopoderoso nos demuestra su Amor y su infinita Misericordia gracias a la intervención de Nuestra Madre Santísima y de santos como san Guido Conforti.
Familia Becerra Santiago
Al pedirme escribir un poco sobre cómo he sentido la presencia de san Guido en mi enfermedad, me ha dado una gran emoción y al mismo tiempo me ha ayudado a poner un alto a mi vida. ¿Por qué?, se preguntarán. Tuve un tumor en mi paladar, fui con varios doctores, y al llegar con una amiga doctora ella me valoró y me mandó hacer una biopsia, con la cual se detectó que era maligno. Una noticia así, ¡claro que te cae como agua fría! Lo primero que me dijo mi amiga fue que deberíamos pedir ayuda a san Guido, pues las dos frecuentamos la Familia Xaveriana. Mi familia y mis amigos todos me decían que se iban a poner a trabajar haciendo oraciones para que pudiera ser atendida en el Seguro Social, pues esto sucedió durante el tiempo de la pandemia. Gracias a Dios no se me ha complicado, todas las puertas se me han abierto, empezando con mi cirugía.
Cuando llegó el tiempo de mi radiación, resultó que mi doctora es mamá de uno de los alumnos que tuvimos en el catecismo xaveriano. ¡No está la mano de san Guido ahí! Cómo lo explica uno. Ella misma me comentó que estaban tardando mucho tiempo los tratamientos y que tuviera paciencia. A los seis meses de la operación, empezaron mis radicaciones, junto con mi quimio, estudios y resonancias, con los cuales nunca he tenido problema, nunca me los han negado.
Después de mi cirugía empecé a realizar mi vida normal. Un día cuando regresé de mi trabajo a mi casa, me encontré con la sorpresa que ¡ahí estaban las reliquias de san Guido en mi hogar! Estaban ahí, porque se le había pedido a mi esposo que realizará la urna para cada una de ellas y pudieran ser expuestas junto con la imagen peregrina que visitaría las comunidades con motivo del Jubileo que los xaverianos estaban celebrando. ¡Cómo no estar agradecida con Dios por este regalo! Al verlas, y sobre todo al caer en la cuenta que eran objetos que utilizó un Santo, mientras ayudaba a mi marido a colocarlas en las urnas y preparar las cajas que las transportarían, en varios momentos me quedaba en silencio, agradeciendo a Dios por está bendición y pidiendo a san Guido que intercediera para que tuviera la fortaleza para terminar mi tratamiento.
Ahora me siento mejor, cómo no estar agradecida, si cada día es un regalo que Dios me da y yo he recibido muchos, porque tengo una cadena fuerte de oración que ponemos a trabajar a san Guido por mi y por todos nuestros amigos.
Laura Hernández Flores
Los caminos de Dios son perfectos... El pasado viernes 10 de septiembre tuve el honor de participar en el 50 aniversario de la casa de la filosofía en Guadalajara. A los que participamos al encuentro de exseminaristas, antes de la misa tuvimos un encuentro donde se nos pidió que compartiéramos cómo es la vida cotidiana de nuestras familias y cómo ha impactado en nuestra vida lo aprendido en el seminario.
Después de la misa presidida por el P. Jorge Rosales, nos trasladamos a una muy relajada convivencia con exseminaristas y sacerdotes Xaverianos de distintas generaciones. Durante la convivencia hubo una rifa con varios premios. El premio principal era una pequeña estatua de san Guido. Todos los que participamos a la convivencia queríamos ganarnos la imagen. Yo fui el afortunado ganador con el número 27. Al recibir la imagen pedí al padre Regional que bendijera la imagen, lo cual hizo pronunciando unas palabras muy emotivas.
Ya en mi casa viendo la imagen de san Guido, me hizo reflexionar y preguntarme por qué me tocó a mí, pues siento que no soy ni el más calificado ni el mejor. Desde hace ya algún tiempo me siento mal conmigo mismo debido a mi situación personal un tanto descompuesta que no me permite recibir la comunión como yo quisiera.
Para agradecer a Dios por este regalo, he decido compartirlo, invitando a otras personas para que reciban en su casa o en su negocio la imagen de san Guido y sea motivo de bendición en donde quiera que lo soliciten como lo ha sido para mí. Me he propuesto yo mismo llevar la imagen al lugar donde la soliciten.
Y así ha sido, las personas que han recibido la imagen de san Guido, me han compartido que les ha traído paz y alegría en sus familias.
Miguel Ángel Hernández Iñiguez
Soy originaria de Moroleón, Gto. Madre de tres hijos ya adultos y con vidas independientes.
Yo, como muchas personas de Moroleón, salimos temprano de nuestros hogares para hacer un poco de ejercicio; algunos salen a caminar, otros a trotar y algunos más en bicicleta. A este último grupo pertenecía yo...
Un día de marzo del 2021, tomé mi bicicleta, me coloqué mi casco de ciclista y me dirigí a realizar mi recorrido matutino. Al principio todo era normal, y estaba disfrutando del aire fresco de la mañana, hasta que llegó la hora de regresar a casa para iniciar las actividades en mi taller e inicié el viaje de regreso. Así que tomé la ciclovía.
Al pasar frente al zoológico de la localidad, una señora sin la más mínima precaución invadió el carril de los ciclistas y para evitar arrollarla, me fui de bruces sobre la banqueta con resultados muy malos para mí...
Por suerte, las personas que estuvieron cerca, llamaron al 911 y tuve la atención, primero de una patrulla de policía y posteriormente de un ciudadano, al que desconozco, que me trasladó al Hospital Regional de Uriangato. Durante varios días no supe nada de mí.
Cuando recobré la conciencia, estaba en un hospital en Morelia, Mich. con pronósticos reservados pues me diagnosticaron: fractura de cráneo, de clavícula y de tres costillas.
Pasaron seis semanas y mientras convalecía en la tranquilidad de mi casa, una persona que es muy especial para mí, me preguntó si estaría dispuesta a recibir, por una semana, a la imagen del san Guido María Conforti, a quien ni siquiera conocía, y ni sabía quién era. Quién me hizo la pregunta y el ofrecimiento, también me dio una breve reseña y ahí aprendí que San Guido María Conforti es el fundador de los Misioneros Xaverianos. Dada la precariedad de mi salud y con la necesidad de recuperarme acepté el ofrecimiento y hospedé a san Guido durante siete días en mi casa, donde solo estábamos mi hija y yo.
Gracias al librito de la “Semana de oración por las familias en compañía de San Guido María Conforti” pude aprender un poco de su obra misionera, pero lo que realmente me causó su visita, fue una paz inmensa y una tranquilidad que no había experimentado nunca...
En esos días, tenía que acudir a la ciudad de Morelia, Mich., para que me realizaran una tomografía, ya que me había notificado el neurocirujano, que si no bajaba la inflamación y se drenaba la sangre que rodeaba el cerebro, habría que entrar a cirugía.
Llegó la fecha, antes de entrar al consultorio iba llena de angustia y muy nerviosa. Cerré los ojos y dije: “San Guido, enséñame a abrazarme a la cruz de Cristo como tú lo hiciste...” respiré profundamente y entré al consultorio un poco más tranquila.
Cuando el neurólogo empezó a analizar las placas, movía la cabeza y las veía una y otra vez. Yo empecé a inquietarme. Pero recuerdo con claridad lo que dijo el doctor con algo de extrañeza: «Señora trae usted un ángel muy grande, su cerebro está muy bien, ya no tiene sangre y se ha salvado de la operación...». Al momento mi cuerpo se erizó y lo único que hice fue agradecer a san Guido por su auxilio y protección...
Hoy me permito compartir esta experiencia porque considero que es necesario que se conozca a san Guido María Conforti. Porque como dijo un misionero xaveriano: «A san Guido denle la oportunidad o póngalo a prueba...».
Patricia García Alcántar



