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P. Rubén Macías s.x.

¡La fuerza del testimonio!

Queridos hermanos y hermanas, octubre misionero nos invita a recordar la fuerza del testimonio de vida que guía el actuar de todo misionero. Para san Guido, el misionero es antes que nada un testigo y la experiencia que ha vivido lo hace ser una persona convencida de lo que anuncia y predica, con la fuerza de quien “ha visto y ha oído” (Hch 4,20).

Así nos lo pide al inicio de la Carta Testamento: “Cada uno de nosotros debe estar, pues, íntimamente persuadido de que la vocación a la que hemos sido llamados no podía ser más noble y grande porque nos hace semejantes a Cristo, autor y consumador de nuestra fe, y a los Apóstoles, los cuales, después de abandonarlo todo, se entregaron sin reservas al seguimiento del Señor, y que hemos de considerar como nuestros mejores maestros. ¡El Señor no podía ser más bueno con nosotros!” (CT2). Esta “persuasión” profunda tiene como origen el encuentro con Aquel que nos amó y hace de nosotros testigos valientes, alegres y audaces que anuncian aquello que han visto y oído.

En uno de los discursos a sus hijos que partían a misión, Conforti nos ha dejado una definición clara del modo como concibe a un misionero, pero al mismo tiempo, una definición de su propia vocación misionera, eminentemente “cristocéntrica”, San Conforti, verdaderamente ha «contemplado» a Cristo y ha quedado «fascinado» por Él.  «El Misionero es la personificación más hermosa y sublime de la vida ideal. Él ha contemplado en espíritu a Jesucristo, que señala a los apóstoles el mundo que hay que conquistar para el Evangelio, no con la fuerza de las armas, sino con la persuasión y con el amor, y por él ha quedado fascinado… armado únicamente con la Cruz de Cristo, siempre pronto a derramar la propia sangre, si esto fuera necesario para el bien de los hermanos, más aún, con el deseo en el corazón de sellar con el martirio el propio apostolado».

¡He ahí el origen de su espíritu y acción misionera! Como bien nos lo dice el papa Francisco, “cuando experimentamos la fuerza del amor de Dios, cuando reconocemos su presencia de Padre en nuestra vida personal y comunitaria, no podemos dejar de anunciar y compartir lo que hemos visto y oído”.

Más aún, aconsejando a sus misioneros sobre el método eficaz para anunciar el evangelio, San Conforti no escatima en consejos que ponen en alto la fuerza del testimonio: “Para ser apóstoles se exige entusiasmo, energía y generosidad, y todo esto lo tienen ustedes, que están en la primavera de su vida, en la cual abundan la luz y el calor. Sin embargo, para llevar a cabo un apostolado eficaz es necesario, ante todo, atraer a las almas, conquistar los corazones con el atractivo de la bondad y la caridad de Cristo”. Y este método se aprende al pie de la cruz, en esa contemplación que se vuelve vida y acción.

En octubre misionero el llamado del papa Francisco resuena en nuestros corazones, para que seamos testigos del amor de Dios experimentado en nuestras vidas. “El amor siempre está en movimiento y nos pone en movimiento para compartir el anuncio más hermoso y esperanzador: «Hemos encontrado al Mesías» (Jn 1,41)”.

 ¿Tu vida cristiana es testimonio del amor “visto y oído” por ti mismo? ¿En verdad el amor de Cristo te empuja a la misión? ¿Cómo describes la fuerza de tu testimonio? ¿Dónde se manifiesta?