Mas allá de la práctica de las grandes civilizaciones
Siguiendo los principios de la patria potestad, según el derecho romano antiguo, el pater de familia era propietario de los hijos, tenía el derecho de vida y muerte, podía venderlos, exponerlos, abandonarlos o entregarlos para reparar daños que estos hubieran causado, podía castigarlos y matarlos. Sí, el padre era propietario de sus hijos y de los bienes que estos adquirían. Esta visión influyó el mundo occidental de su época, mientras que contemporáneamente a esas leyes, en el oriente, la legislación del imperio chino atribuía la vida de sus súbditos como propiedad del emperador. La tradición judeo-cristiana, por su parte nos ofrece una perspectiva diferente de la vida, la existencia de cada persona es sagrada y pertenece solo a Dios.
Vivir el bautismo con un sentido de pertenencia y de identidad
En la celebración del bautismo, nuestros padres y padrinos profesan su fe en Dios, el deseo de que seamos integrados al cuerpo místico de Cristo. Sí, mediante ese gesto de ser bañados en el agua de la pila bautismal, se reproduce en nosotros la presencia de su Espíritu que nos reconoce como hijos de Dios, a Él le pertenecemos y aceptamos su llamada a vivir la vida en Cristo. Esta es la vocación a la vida cristiana, la llamada a vivir en la santidad.
Vivir en la Iglesia, instrumento universal de salvación
Jesús no solo atrae a sus discípulos para salvarlos, los llama a vivir en comunión en plena con Dios y con los hermanos, para ser instrumentos, mensajeros de salvación. No se trata tan solo de una comunión que nos aleja de los hermanos, sino de una integración a ellos. El llamado a la fe, es la llamada a vivir una espiritualidad que se concretiza en la amistad con Dios y en la práctica de las obras de misericordia que nos acerca a nuestro prójimo.
Vivir en el amor de Dios
La experiencia de los santos es fruto de una conversión de vida, de una opción radical de vivir por Cristo, con Él y en Él. Es tanto el ardor con el cual algunos de ellos han dejado su vida en las manos del Señor, que en su testimonio nos comparten la meta, la finalidad de nuestra existencia. No obstante, el estado de vida en el cual se concretice nuestra respuesta a vivir el Evangelio, en palabras de Teresita del Niño Jesús, los cristianos plasman su vocación y la de todo discípulo de Jesús: En el corazón de mi madre la Iglesia yo seré el amor. Dios es amor y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios (1Jn 4).
Vivir como ciudadanos de su reino
El mensaje de Jesús ha expresado a las gentes, una manera diferente de verse a sí mismos, el Maestro de Nazaret llama a un estilo de vida de hombres y mujeres libres que se comprometen por la liberación de sus hermanos, que se atreven a vivir sin despreciar o condenar al pobre o a quien ha errado el camino. Hoy más que nunca la llamada a estar con Jesús, es una invitación a ser hombres y mujeres contemplativos, comprometidos con la búsqueda de la justicia y la paz que germinan con la vivencia del Evangelio.
Y tú, ¿cómo crees que un bautizado pueda responder el llamado a seguir a Cristo?



