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Su verdadero nombre era Miguel Febres Cordero Muñoz. Nació en Cuenca, Ecuador, el 7 de noviembre de 1854. El Hermano Miguel fue un ilustre miembro del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, estudió con ellos y luego se convirtió en uno de ellos.

En su biografía se dice que cuando nació, sus padres se entristecieron al ver que tenía los pies deformes, sin embargo, tuvieron un cuidado especial en la salud de su hijo. A los cinco años de edad, Miguel aún no caminaba.

Sucedió pues que un día, mientras el niño miraba un rosal florecido en el jardín de su casa gritó: Miren qué hermosa es la Señora que está sobre las rosas. Toda la familia acudió sorprendida de lo que decía Miguel, pero nadie pudo ver nada. El niño insistía diciendo: Miren cómo es de hermosa. Tiene un vestido blanco y un manto azul y me llama. Todos quedaron asombrados al ver que se levantó y empezó a caminar. Miguel estaba curado, Dios lo curó a través de la Virgen María.

Los Hermanos Lasallistas habían llegado a Ecuador en 1863, fundaron su primer colegio en la ciudad de Cuenca, ahí estudió Miguel. Se dice que sobresalía entre los alumnos por su inteligencia y su deseo de aprender. Cuando todos sus compañeros se iban a sus casas, él se quedaba en el colegio para repasar sus lecciones y ayudaba a los religiosos en los quehaceres de la casa. Así fue como empezaron a tenerle aprecio y cariño, lo llamaban el Hermano Miguel. De esta manera nace su vocación para ser lasallista. Sus padres se opusieron a su decisión, debido a que eran ricos y la vida sencilla de los hermanos les parecía humillante.

Ya siendo hermano lasallista, Miguel se dedicó a la enseñanza en las escuelas cristianas, también daba clases de catecismo y aunque atendía a los niños de todas las clases sociales, prestaba particular atención a los más humildes. Además, siempre encontró tiempo para atender a los enfermos y para estudiar idiomas, logrando hablar alemán, inglés, italiano, francés y latín.

En 1907 fue exiliado por el gobierno anticlerical ecuatoriano. Sus superiores le pidieron que fuera a Bélgica, pero el clima frío lo hizo desistir y fue enviado a España. El 9 de febrero de 1910, se enferma de pulmonía y muere el Hermano Miguel.

Después de su muerte, la gente lo empezó a venerar porque gracias a su intercesión obtenía milagros. Fue beatificado el 30 de octubre de 1977 por el papa Pablo VI, y justamente en el momento de su beatificación, una señora de nombre Beatriz Gómez, a quien los médicos le habían diagnosticado una incurable miastenia, sanó milagrosamente. El Hermano Miguel fue canonizado por el papa Juan Pablo II el 21 de octubre de 1984.

Podemos concluir diciendo que nada es imposible para Dios. Para servir a Dios y a su pueblo basta responder a su llamado. Dios tiene una misión para cada uno de nosotros. ¿Cuál es nuestra respuesta?