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Xaverianos

La Misericordia de Dios baña mi vida

Autor: P. Osvaldo Pulido R. /

El tiempo litúrgico de la cuaresma, ha sido una llamada constante a la conversión, a experimentar desde nuestro interior, el perdón y el amor que Dios nos tiene. Sin embargo, algunos cristianos siguen aferrados en el miedo, en la culpa mal sana que les impide sentirse liberados por un amor que es más grande que sus fuerzas. La experiencia de Jesús resucitado, en este tiempo de pascua, nos enseña a compartir la alegría de sabernos amados por un Dios que está a favor de la persona. Nuevamente, te propongo que leas el texto de Lucas 7, 36-50.  

La página del Evangelio nos muestra una escena inédita. El icono de la mujer pecadora, la narran los cuatro evangelistas. En el texto de hoy, vemos que Jesús vuelve a mostrar su preferencia por los pecadores, pero también vemos la actitud de los escribas y fariseos apegados a sus leyes y normas. Se nos narra que mientras que Jesús enseña en el templo, repentinamente, los fariseos interrumpen al Maestro con la ley en la mano, para ponerle una trampa. Le presentan a una mujer sorprendida en adulterio.

Que se convierta y viva

Los fariseos quieren conocer lo que piensa el Nazareno, pero él guarda silencio, se pone a escribir en el suelo y pone a los acusadores ante su propio pecado. El Maestro poniéndose de pie desenmascara a los fariseos: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra” les recuerda que los adversarios son los primeros que tienen necesidad del perdón de Dios.

Los acusadores se van alejando del lugar de los hechos, empezando por los mayores, en cambio, la mujer humillada, se queda ahí esperando a escuchar la palabra sanadora de Jesús: “Tampoco yo te condeno, vete y en adelante no vuelvas a pecar”. El perdón de Dios, no anula la responsabilidad de las personas, por eso Jesús invita a la mujer adúltera a no volver a pecar. Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva.

Amor entrañable de Dios

El error de los fariseos era identificar al pecador con el pecado, en cambio, Jesús se fija en la persona, más allá de las apariencias. El texto nos muestra el rostro auténtico de Dios como aquel que ama y perdona. Los judíos no son capaces de comprender el perdón que Jesús ofrece a la mujer pecadora.

Parecería ilógico y una locura pensar que Dios ame a los malos y sin embargo, así actúa Él con TODOS sus hijos, Jesús nos ama a pesar de nuestros pecados, basta tomar conciencia de este amor y todo cambia a nuestro alrededor. Sentir el amor entrañable de Dios, nos lleva a desplegar todas nuestras posibilidades en bien nuestro y en bien de los demás, nos hace sentir hombres y mujeres libres como la mujer adúltera que experimentó el perdón y el amor que le ofreció Jesús.

  Reflexión personal

Los escribas y fariseos buscan las artimañas para acusar a la mujer pecadora. A estos hombres les hace falta revisarse a sí mismos antes de condenar al prójimo. En mi vida cristiana, ¿Tengo la liberad de revisar mi vida a la luz del Evangelio? ¿Qué reacciones surgen en mí? ¿Qué propuestas me hago para mejorar y avanzar positivamente? 

Jesús propone una dinámica distinta a la de los fariseos: la dinámica del perdón. En mi camino de fe, se me presentan varias oportunidades de ofrecer el perdón a los demás, ¿He experimentado la alegría de sentirme persona y renovado por el perdón de Dios? ¿Me he sentido capacitado para ofrecer libremente el perdón a mis hermanos? ¿Cuáles han sido esos momentos?

La misión de la Iglesia, es mostrar la cercanía del rostro de un Dios misericordioso, que pone su corazón en la miseria del ser humano que se va arrastrando por la vida, ¿Ha habido en mi vida alguna persona que me ha ayudado a crecer por su gran testimonio vida en la cercanía con los demás? ¿En qué me ha ayudado este testimonio?