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P. José Luis Vega s.x.

El futuro de todos nosotros

Una vez llegada la primavera se empieza a ver un cambio evidente en la naturaleza, el reflorecimiento de las plantas, el colorido en los muchos espacios públicos, un clima notoriamente más cálido en la mayor parte de nuestro territorio mexicano. Todos estos cambios a menudo me remiten al pensamiento y reflexión sobre la niñez, su realidad y su proyección en el futuro cercano. Cierto es, también, que la celebración que corona este mes de abril, el día 30, me es bastante motivadora para esta reflexión.

Indiscutiblemente, las circunstancias de la infancia entre quienes ya formamos parte del grupo de los adultos y los actuales niños (as) son bastante distintas por varios factores, a saber: cuestiones generacionales y educacionales, una dinámica social muy distinta, los roles que les son asignados a quienes se encuentran viviendo esta etapa inicial de la vida, los intereses que se les presentan a los infantes como pilares en su formación también han sido retocados a través de los años. Vaya, hay una serie larga de aspectos que se han transformado.

Sin embargo, los elementos primarios que definen y caracterizan esta etapa del desarrollo de la persona deben ser inamovibles: el derecho a la libertad, a la educación, a una familia bien constituida, a la verdadera y justa información, a la búsqueda de la verdad y el descubrimiento del mundo sin quebrantar ni violentar su sencillez, su fragilidad, mucho menos su estabilidad sico-emocional y el derecho a bien vivir su inocencia. Sin lugar a duda, estos aspectos deben ser garantizados y bien protegidos por todas las personas, grupos e instituciones, sean de la índole que sean.

La infancia no debería llevar una posición socioeconómica en particular, ni una situación de género y mucho menos estar seccionada por cuestiones de ideologías. En realidad, considero que la infancia representa el futuro de todos nosotros por igual, puesto que en el porvenir cercano todos los infantes serán, de alguna manera, los actores principales del mundo en el que todos vivimos y las circunstancias particulares que enfrentan ciertos grupos de niños terminan afectando al total de nuestra realidad.

Es por lo anteriormente mencionado que nuestro interés por ver bien crecer a los niños (as) es responsabilidad grave de todos. El interés por ver desaparecer de su realidad el analfabetismo, la violencia, la discriminación, el temor, los trabajos forzados, la desnutrición, los vicios, el abuso y muchos otros aspectos que coartan fuertemente su felicidad, es un imperativo para toda persona independientemente de sus circunstancias particulares. Buscar las mejores condiciones de vida y crecimiento para todos los niños (as) es una de las mejores inversiones a favor de ellos y de nosotros adultos.

Es bastante sugerente aprender a ver a los niños como aquella extensión de nuestra propia vida, pero respetando el aspecto de su alteridad. Ojalá y calen fuerte en nuestra mente y en nuestro corazón las palabras de Jesús: Cuidado con escandalizar a alguno de estos pequeños, sus ángeles están siempre en presencia de Dios.