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P. Carlos Abraham Zamora s.x.

Y Tú, ¿Qué recuerdas más de tus horas de catecismo?

Y tú, ¿qué recuerdas más de tus horas de catecismo?

Hace unos años le hice esta pregunta a un niño mientras celebraba su primera comunión junto con otros niños y niñas de su grupo de preparación, y me respondió: ¡El juego! La respuesta me sorprendió mucho, aunque de inmediato vinieron a mi mente muchos momentos en los que se reúnen decenas o cientos de niños en los centros de catequesis y pueden gozar de estar juntos. Además, la metodología catequética actual sugiere hacer uso de recursos didácticos y lúdicos a fin de que, quienes reciben la catequesis, no solo reciban una instrucción o doctrina, sino que puedan con el uso de actividades lúdicas, integrar a su vida de forma más natural y atractiva el mensaje de Jesús, se trata ciertamente de sentirse juntos amigos de Jesús.

Un reto global

Actualmente, ya no solo se trata de simples momentos de diversión, se ha experimentado un profundo cambio en los juegos y los juguetes locales y tradicionales, ahora nos encontramos con productos y actividades globales. En México, como en muchos otros países del mundo, el tiempo dedicado por los niños y adolescentes para el juego y la diversión se realizaba en espacios y tiempos comunes. Si bien es cierto que los juguetes tradicionales podían elaborarse de los materiales más comunes y baratos, los días de fiestas y la celebración del Día de Reyes o la Navidad proveían de manera casi simultánea de regalos y muñecos, pelotas, pequeños autos, etc., con los cuales se llenaban las calles y parques de alegría y fiesta.

Los juguetes y el juego fomentan gustar el tiempo en común, desarrollan habilidades personales, la socialización y actitudes que favorecen la convivencia y la colaboración en equipo.

Sin embargo, hoy en muchas de nuestras ciudades y comunidades parecería ser cada vez más extraño la convivencia entre las familias y los vecinos. El uso generalizado de dispositivos electrónicos y otros juguetes de alta tecnología parecen limitar el diálogo e incluso los momentos lúdicos al interior de los hogares y en los espacios entre amigos.

Ciertamente, el uso de los nuevos juguetes trae un sinnúmero de beneficios para el desarrollo de habilidades, destrezas y conocimientos; pero también enfrentan el desafío de crear dependencia y aislamiento en las nuevas generaciones.

Desde antaño, los procesos de evangelización han utilizado momentos lúdicos como la piñata, con su tradicional forma de siete picos para simbolizar cómo la fe ataca los siete pecados capitales, la quema del judas el Sábado Santo y una gran variedad de actividades que expresan signos cargados de pedagogía.

Hoy la catequesis, la misma pastoral de adolescentes y juvenil, tienen el desafío de ofrecer contenidos de calidad con mucha claridad a las nuevas generaciones, que tienen ciertamente amplias posibilidades de acceder a una diversidad de información y diversión que va contra corriente. En el horizonte del trabajo misionero, tenemos la herencia de grandes evangelizadores que con espíritu de santidad y con gran creatividad presentaron modelos adecuados a su época, otros santos como Felipe Neri o Juan Bosco, nos recuerdan la importancia de espacios comunes especialmente dedicados a los más jóvenes, no por nada sus llamados oratorios, no solo eran lugares para la oración y el estudio, sino también para la convivencia y el juego.

Y tú, ¿gozas de la convivencia y el juego en tu catequesis o actividad de apostolado?