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¿Alguna vez has puesto atención al sonido y ritmo del latido de tu corazón? Muchos podríamos contestar que no, pues el bullicio del día a día, no nos permite prestar atención a algo tan común y esencial al ser humano. Sin embargo, hay algunas personas que constantemente escuchan el latido de su corazón y comparten su ritmo con otros. Estoy hablando de los primeros pobladores de Estados Unidos, que algunos de ellos en sus celebraciones eucarísticas utilizan el ritmo del tambor como representación del latido del corazón de la Iglesia y de la comunidad que está participando en la celebración, ofreciéndolo a Dios nuestro Señor. Comparto con ustedes lo que aprendí en una Misa de una comunidad amerindia compuesta por personas de algunos de los pueblos originarios de Norteamérica como son los ojibwe, menomini, mohican, oneida, ho-chunk y potawatomi. La Misa fue celebrada por un sacerdote diocesano de la región de Milwaukee, Wisconsin, ciudad donde también tenemos una comunidad los xaverianos.

La celebración empezó después de las diez de la mañana con un canto en lengua nativa acompañado del sonido de un tambor. Entre el sagrario y el altar se encontraba un grupo de personas de diferentes edades que tocaban el tambor al mismo tiempo que cantaban, y el resto de la asamblea los acompañaba con el sonido de las sonajas que cada uno de ellos tenía en sus manos. Les pregunté el significado del canto y me dijeron que era el ritual para llamar a los espíritus de los cuatro puntos cardinales, a la madre tierra y a Dios.

Después dos hombres mayores se acercaron al altar, uno agarró un pequeño tambor que comenzó a tocar y el otro tomó un poco de tabaco que colocó en el sahumerio que estaba delante del altar y empezó a mover las plumas para empujar el humo hacia el sacerdote y a toda la asamblea. Mientras todos cantaban, giraban su cuerpo lentamente hacia los cuatro puntos cardinales.

Me explicaron que lo que estábamos haciendo era un rito para purificar nuestro cuerpo y nuestro espíritu, ya que el humo del tabaco, primera medicina recibida por el Creador, y el movimiento de las plumas, ayudaban para que nuestras oraciones subieran a Dios, así mismo, se bendecía a las personas, las cosas y el lugar, en este caso la Iglesia.

Durante la oración universal, en lugar de hacer peticiones, dos mujeres pasaron al altar, tomaron un pequeño libro entre sus manos y empezaron a moverlo sobre el humo que continuaba saliendo del sahumerio enfrente del altar, me explicaron que el sentido de este rito era que a través del humo del tabaco ascendían nuestras súplicas a Dios.

Al momento del ofertorio se nos entregó un poco de tabaco, algunos lo pusimos en el sahumerio frente al altar y otros lo colocaron en el jardín de la iglesia, porque ellos consideran que el tabaco es un regalo dado por Dios y gracias a la madre tierra, por lo que se les debe regresar por medio del humo o colocándolo en la tierra.           

Durante la plegaria eucarística, las personas que se encontraban entre el altar y el sagrario seguían tocando el tambor, pero a ritmo lento representando el latido del corazón de la comunidad, de la Iglesia.

Al momento en que el sacerdote elevaba la patena y el cáliz, diciendo las palabras: Por Cristo con Él y en Él…, al ritmo del tambor y de las sonajas, lo presentó a los cuatro puntos cardinales, mientras nosotros también girábamos nuestro cuerpo hacia cada uno de ellos.

La celebración concluyó con el mismo canto del inicio y después el padre dio la bendición final.

Uno de los símbolos que más me llamó la atención fue el círculo dividido en cuatro colores que está colgado encima del altar. Uno de los presentes me explicó que el círculo es sagrado para ellos, y está dividido en cuatro porque son los cuatro puntos cardinales, y cada uno de ellos representa a los espíritus que nos ayudan (parecido a los ángeles), a la madre tierra y al Creador. Y cada color tiene un significado:

Blanco-norte: lugar de donde vienen los vientos fríos del invierno. Lo asocian también con las dificultades de la vida, los ancianos, la limpieza y la purificación. A través de este espíritu o punto cardinal se cree que podemos aprender a ser pacientes y resistentes.

Rojo-sur: lugar donde el sol se encuentra más alto y es más caliente. Lo relacionan con los regalos del verano, el crecimiento, la juventud y las mujeres.

Amarillo-este: lugar de donde el sol se levanta, nos da nueva luz, nuevos comienzos y entendimiento. Es además la dirección de la primavera, del nacimiento y de los bebés.

Negro-oeste: lugar donde el día llega a su fin. Es asociado con el otoño y los adultos, además de ser el lugar de donde provienen los truenos que nos dan agua y vida.

De igual forma, en la iglesia pude ver varias imágenes del águila. Me explicaron que el motivo es porque el águila es el ave más fuerte y valiente, vuela tan alto que puede llevar nuestras oraciones al Creador. Por esta razón el águila y sus plumas son sagradas.

Ahora, tú también puedes compartir el ritmo y el sonido de tu corazón con otros y con Dios, ¡inténtalo!, será una gran experiencia.