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P. Rubén Macías s.x.

Misión y diálogo

Del 5 al 8 de marzo, el papa Francisco realizó un viaje por demás profético, esperanzador y lleno de ejemplo para todo el mundo, sobre todo para la Iglesia, llamada a romper toda barrera e ir al encuentro del otro, que, antes que nada, es mi hermano. El viaje del Papa a Irak, país increíblemente martirizado por años de guerra, ciertamente no ha pasado indiferente ante nuestros ojos.

Con este viaje, tan desaconsejado tanto por los círculos cercanos como lejanos del Papa, Su Santidad nos da ejemplo a todos los misioneros, en especial a nosotros los xaverianos, de entender la misión como apertura al otro, realizando una cercanía que nos lleve al diálogo y a la construcción, en unidad, de un mundo más justo. Así nos lo piden nuestras Constituciones:

Nos comprometemos a comprender y aceptar a nuestros hermanos no cristianos con sus valores y su religión. Con un fraternal y cualificado diálogo de vida y de fe, tratamos de promover los valores comunes del Reino. El ejercicio de este diálogo exige por nuestra parte conocimiento y respeto de las culturas de los pueblos en los que trabajamos, para acoger su herencia espiritual y encarnar en ellas, con sano discernimiento, el mensaje cristiano (C 13).

Nuestra misión nunca debe ser pues un pretexto o un medio para confrontar al otro, ni para despreciarlo, mucho menos para atacarlo. La misión no se entiende sin la fraternidad que conlleva el diálogo, la empatía, la cercanía, la solidaridad y el trabajo en conjunto que serán siempre medios privilegiados.

Así nos lo hizo ver el papa Francisco en este maravilloso viaje, con esos gestos tan proféticos, pero también con esas palabras llenas de sentido: La verdadera religiosidad, decía el Papa, es adorar a Dios y amar al prójimo. En el mundo de hoy, que a menudo olvida al Altísimo y propone una imagen suya distorsionada, los creyentes están llamados a testimoniar su bondad, a mostrar su paternidad mediante la fraternidad.

El Papa no solo fue a consolar y fortalecer la fe de los cristianos de este país que han sufrido una terrible persecución religiosa y una guerra civil, sino también para encontrarse con los distintos líderes religiosos de mayoría musulmana, presentándose como hermano con un corazón abierto dispuesto al diálogo, a la búsqueda en común de esa paz que tanto musulmanes como cristianos necesitan, porque no habrá paz sin pueblos que tiendan la mano a otros pueblos. No habrá paz mientras los demás sean ellos y no parte de un nosotros. La paz no exige vencedores ni vencidos, sino hermanos y hermanas que, a pesar de las incomprensiones y las heridas del pasado, se encaminan del conflicto a la unidad.

 Hermanos y hermanas lectores, vivir de manera concreta la espiritualidad xaveriana, según nuestras Constituciones (n. 13) no puede estar alejado de este espíritu que el Papa nos ha mostrado tan claramente en Irak. Como misioneros debemos ser constructores de puentes, debemos promover la cultura del encuentro, tocar los corazones de cualquier persona sin usar el pretexto de la religión o la cultura diferente para no verlo como hermano. Nuestra fe en Cristo, el hermano universal, Hijo del único Dios Padre de todos nos pide acoger a todos con ese espíritu y con esa actitud.

¿Cuál es tu actitud ante aquel que no comparte tu fe o tu cultura? ¿De qué manera vives esta actitud de diálogo y apertura ante los demás? ¿Cómo promueves la cultura del encuentro tan necesaria en nuestro tiempo?