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 Amigos y amigas lectores y lectoras, reciban un cordial saludo de mi parte. Estamos aquí nuevamente para nuestro encuentro mensual a través de nuestra revista Xaverianos para seguir reflexionando sobre la persona de san José en este año dedicado a él. En esta ocasión nos detendremos en una característica muy sobresaliente en él; nos referimos a su capacidad de acoger los acontecimientos de la vida con disponibilidad y fe. Veamos de qué se trata.

Los Evangelios describen a José como un hombre justo; además, estaba desposado con María, aunque todavía no vivían juntos. Esta situación nos hace pensar que José ya tenía más o menos trazado un proyecto de vida que ya estaba en marcha y que seguramente se estaba esmerando mucho para que se realizase. Sin embargo, la mano de Dios que guía la historia con su amorosa providencia, lo conduciría por un camino que no se habría imaginado y le daría a su proyecto de vida una profundidad y proyección de alcances insospechados.

Y es que, seguramente la noticia del ángel acerca de que María estaba encinta y de que sería el padre de Jesús lo tomó por sorpresa. El papa Francisco nos dice que frecuentemente ante los hechos de nuestra vida que no entendemos, nuestra primera reacción a menudo es de rechazo y desilusión, sin embargo, José fue capaz de dejar a un lado sus razonamientos humanos para acoger lo anunciado por el ángel, asumiéndolo con responsabilidad y confianza en Dios.

Aceptar un cambio de planes en la propia vida no siempre es fácil; las convicciones personales se ponen a prueba y no pocas veces entramos en crisis. Y es gracias a esto que como personas podemos darnos cuenta de quiénes somos, o como se dice coloquialmente, de qué madera estamos hechos.

Al aceptar el plan de Dios en su vida, que implicaba reajustar sus propios planes y deseos, san José nos deja entrever el espesor de su vida interior y de su fe. Acertadamente nos dice el papa Francisco refiriéndose a él: La vida espiritual de José no nos muestra una vía que explica, sino una vía que acoge. Solo a partir de esta acogida, de esta reconciliación, podemos también intuir una historia más grande, un significado más profundo.

 

Y esto fue lo que José hizo. Comprendió que sus aspiraciones humanas más profundas y legítimas serían colmadas con creces en un proyecto que se le ofrecía como don de Dios y que requeriría toda su entrega, el compromiso de todo su ser. ¿Lo comprendió así desde el inicio? No lo sabemos; los Evangelios no lo dicen. Pero seguramente lo intuyó gracias a la luz del Espíritu Santo y a la fe en el Dios de Israel que es fiel a su palabra y por eso aceptó, consintiendo también en la tarea de profundizar cada día la misión que Dios le había encomendado como esposo de María y padre de Jesús.

Que el ejemplo de san José nos inspire también a nosotros para acoger con fe en nuestras vidas el proyecto de Dios, aunque de momento tal vez no lo comprendamos del todo, seguros de que todo concurre para el bien de los que aman a Dios (cfr. Rm 8,28).