Se dice que antiguamente existía una tribu en la zona de Paraguay, que cuando el jefe del pueblo era ya anciano y no podía dirigir más, para elegir al nuevo, los que quisieran ocupar su puesto debían hacerle una pregunta y al primero que no le contestara, ocupaba su lugar.
Un día, un joven fue a la selva para reflexionar sobre qué pregunta podría hacer al anciano y enfermo jefe que actualmente dirigía la aldea. Al ver un pequeño pajarito en su nido se le ocurrió lo que iba hacer, iría a la casa del anciano jefe y le preguntaría: Gran jefe, tengo un pajarito entre mis manos, ¿está vivo o está muerto? Si contestaba que estaba vivo, lo aplastaría con sus manos. Si decía que estaba muerto, entonces abriría sus manos y lo dejaría en libertad. Ya se veía portando el bastón de mando.
Después que el joven le hizo la pregunta al gran jefe, este se quedó reflexionando unos minutos y le contestó: ¡Oh joven!, ese pajarillo que tienes, puede ser lo que tú quieras, puedes aplastarlo con tus manos o dejarlo en libertad. Tú decides.
Hay momentos que marcan nuestra vida, algunos agradables que quisiéramos volver a vivir, otros dolorosos o desagradables que quisiéramos borrar. Existen otros momentos que tal vez podríamos llamar desperdiciados, porque quizás no supimos aprovechar la oportunidad que tuvimos de ser felices, de ser mejores.
Y aun cuando no existe una máquina que nos ayude a volver al pasado, sin embargo, hay personas que continúan viviendo en él añorando lo que se fue, otras culpándose por los errores cometidos y algunos no queriendo salir de la oscuridad de la soledad o del sufrimiento.
Si miras mucho atrás, a ninguna parte llegarás, y aunque estas no sean palabras dichas por Jesús, podríamos decir que en cierta manera son parte del mensaje que nos transmite con su resurrección. Después de la amarga experiencia que vivieron la mayoría de los discípulos con la muerte de Jesús en la cruz y conscientes de haberlo abandonado, lo más lógico era que cayeran en la depresión o que pensaran que el seguirlo hubiera sido un tiempo perdido, pues no había cumplido con las expectativas que habían puesto en Él.
Pero con su resurrección, Jesús brinda a los apóstoles otra oportunidad para tener un nuevo comienzo y no ver sus errores como algo negativo, sino como una experiencia que los ayude a cumplir con la misión que les encomendó de ser embajadores de la reconciliación.
Con su resurrección, Jesús nos brinda también a nosotros una nueva oportunidad para reconciliarnos con nosotros mismos, para reconciliarnos con los demás y no renegar de ningún recuerdo de nuestro pasado, porque lo que vivimos es lo que nos hace ser quién somos.
Nuestro Dios cada día nos da la oportunidad de tomar nuestra vida en nuestras manos, y como el joven del cuento, de nosotros depende lo que queremos hacer con ella, o bien dejarnos aplastar por nuestro pesimismo o abrir nuestras alas para ver nuestra vida desde lo alto como Dios la ve, y seguir el consejo de aquel autor que decía: Deja de arrepentirte por tus caídas del pasado, levántate y haz todo lo que antes no hiciste.



