
Autor: Ana Luisa Rubio /
Ella es una misionera laica de Guadalajara, con experiencia de vida con diferentes grupos étnicos y nos cuenta la última de hace poco tiempo. Ella nos dice: “Quiero compartirles un fragmento de la vida misma en un lugar que se llama CACATZALA, Lugar mágico que se encuentra en la sierra de Puebla. Es una pequeña población de alrededor 80 familias. Hablan Totonaco y cultivan la naranja, mandarina, plátano, pero sobre todo el café. No hay otras fuentes de trabajo.
Dirán ¿Por qué el título, la vida en un café? Bien, les contaré el por qué. En la ciudad es super genial conocer un lugar donde sirvan un buen café, sobre todo que combine con un lugar lindo… La gente le da crédito a un buen café por su olor, sabor, textura. Se promociona el lugar, pero nunca se pregunta su elaboración, su origen y de dónde viene. De ahí parte la vida del café… su proceso. Necesita 3 años en crecer. Hay dos tipos de color: rojo y amarillo. Lo cortan se despulpan en molinos, se lava, lo secan por lo menos con 3 soleadas muy buenas o sea 7 horas cada día. (Algunos dicen que 8 días). Después se tuesta en comal, saliéndole un color negro, por último se muele y ya está el café para prepararse.
En la ciudad no importa el proceso y todo lo que comporta, sino que sirvan un buen café o que lo preparen de diferentes maneras. Hasta para eso se debe estudiar y, claro que a ellos se les da el buen crédito. Se han preguntado ¿quiénes han intervenido para que el café se encuentre en la mesa?
En Cacatzala, niños de preescolar ya participan en la recolección de café, sin importar si está lejos el lugar, feo el camino o vereda, si hace frio o es temprano, si ya es tarde, o si ya comieron. A veces la lluvia los sorprende, y así mismo continúan la jornada, pequeños y grandes es lo mismo, no hay elección. ¡Ah! cada niño recoge su aportación, quizás 3 kilos o más, con horarios más o menos de 5 a 6 horas diarias, sin importar si son pequeños. Hay que enséñales a hacerlo, pues es la fuente de trabajo de allá y cuando la hay ¡todo mundo a trabajar!
Pero esperen, llega la hora de vender el café y ¿qué creen? Pensarán que será buena la paga ¿verdad? Antes de eso, como no tienen trasporte, hay que caminar varios kilómetros. Y lo peor, aún hay que cargarlo, a veces sobre la espalda. Al llegar tendrás que esperar para pesar el producto. Más aún, el grano debe estar bien seco para que la paga sea mejor, ¿y si no? ya se imaginarán…
Es difícil que al tomar un café pensemos en tantas familias que viven de ese trabajo. Tú puedes ayudar a cambiar esa realidad, primero comprando café de la tierra, valorando nuestros propios productos, porque atrás de eso hay muchas familias, que con ello, las ayudas a darles un ingreso, logrando así la oportunidad de mejoramiento y desarrollo para la comunidad. Habría menos niños descalzos de pantalones rotos, no tendrían que correr para que se les quite el frio o a estar cerca del fogón para calentarse, comerían no solo café, tortilla y chile, se enfermarían menos de tuberculosis (frecuente en el lugar), los pequeños ya no irían a la jornada laboral como si fueran mayores, se quedarían en casa para ir a la escuela y estudiar, las mujeres estarían atendiendo más de cerca a sus hijos, sobre todo, disminuiría la migración ¿A qué mamá o papá no le gustaría que volvieran a casa? Decirles que por fin hay alternativa de trabajo y juntos saldrían adelante en casa. ¿Creen, queridos lectores, que juntos podremos hacer algo para mejorar esa situación? Y no es comercial, sí podemos, con una buena taza de café original”.

