Hola, que tal estimado lector de la revista misionera Xaverianos. Dadas las circunstancias de nuestra nueva realidad, es evidente que nos hemos encontrado con múltiples necesidades y que hemos constatado que muchas de ellas no corresponden ni siquiera al orden de lo material. Nos hemos dado cuenta que hay necesidades humanas básicas sin las cuales no podemos vivir y en no pocas ocasiones nos hemos enterado con que no es solo necesario cubrirlas, sino hacerlo con calidad.
Pues bien, en este mes tan especial, empapados del ambiente cuaresmal, les quiero hablar de una de las necesidades humanas básicas: la necesidad del encuentro. Parece sencillo hablar de ello, ¿verdad? Sin embargo, puede no serlo tanto. No por nada el castigo para los infractores de las leyes civiles, prácticamente en todo el mundo, es la cárcel, esta limitante de la libertad que impide tener encuentros con quienes son parte de su vida, lo cual les causa un grave sufrimiento.
Nuestras relaciones con las personas son tan variadas, casi automáticas y en tantas circunstancias que corremos el riesgo de no tener verdaderos encuentros, debemos darnos cuenta que en cada uno es necesario que exista un intercambio en el cual debe haber un aprendizaje, un compromiso, y de esta manera, nuestros vínculos de conocimiento, unión y colaboración con nuestro prójimo se irán fortaleciendo cada vez más.
Si queremos que nuestros encuentros, sean verdaderamente de calidad, debemos poner toda nuestra atención y para ello se requieren tiempos específicos, concentración, métodos adecuados, la utilización de gran parte de nuestros sentidos, para poder captar así la necesidad, los deseos de los demás dentro de nuestra verdadera realidad, conscientes no solamente de nuestras capacidades sino también de nuestros límites, poder responder a quien tengamos enfrente y al mismo tiempo comunicar nuestras llamadas de ayuda y colaboración que requerimos de los demás.
Pero este tipo de encuentro verdadero, no solo lo debemos tener con los demás, sino también con Jesús. Cristo no solamente debe ser una realidad espiritual en nuestras vidas. Él es una persona que contiene la experiencia humana de todo cuanto nosotros vivimos: la alegría, la tristeza, el desánimo, la fraternidad, la corresponsabilidad, la aflicción, la enfermedad, el gusto de convivir, el trabajo…
Querer tener un verdadero encuentro con Él, es abrirle todo este abanico de situaciones con sinceridad, dedicarle un tiempo específico en la oración, en la meditación, pero también en nuestros momentos de trabajo, en nuestros momentos de esparcimiento y de disfrute, hacerlo de una forma consciente y constatable a la manera de san Guido María Conforti: Yo lo miraba, Él me miraba y parecía decirme tantas cosas.
Hacerlo sabiendo que Jesús es parte de nuestra familia, de nuestra salud psicológica y física. Que Él es parte del tejido social que vamos construyendo cada día con nuestros proyectos, nuestros sacrificios y trabajo. Pero también siendo conscientes que formamos parte de su proyecto en la construcción del reino de Dios, de su familia aquí en este mundo, que necesita nuestra ayuda y tiene expectativas en nosotros. ¿Te atreves a encontrarte con Él?



