Una leyenda sioux cuenta, que un día, un muchacho y una muchacha llegaron muy tomados de la mano a la casa del anciano sabio del pueblo, porque estaban a punto de casarse y le pidieron que les diera algún hechizo o un talismán para que su amor durará para siempre.
El anciano les dijo que, para decirles el secreto del amor eterno, necesitaba que él le trajera el más bello halcón, y a ella la más bella de las águilas. A pesar de lo arriesgado de la misión, ninguno de los jóvenes se dejó vencer por las dificultades, pues realmente se querían, y pasados unos días presentaron las aves al sabio que les dijo: Salgan al patio y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero, cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.
Cuando soltaron a las aves, cada una quiso volar, y al no poderlo hacerlo después de muchos intentos comenzaron a lastimarse entre sí. Entonces el sabio anciano dijo a los enamorados: Jamás olviden lo que han visto, ustedes son como un águila y un halcón, si se atan el uno al otro, tarde o temprano, empezarán a lastimarse. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, vuelen juntos, pero jamás atados. Este es el secreto del amor eterno.
Después de leer esta historia alguno podría sacar como conclusión que para que el amor perdure, no debe haber ataduras, ni compromisos, pero nos podríamos preguntar si esta forma de pensar refleja lo que significa querer de corazón a una persona.
Y es una reflexión que quizás va muy bien en este mes que respira amor, así nos los presenta la publicidad, ya que se nos dice que el 14 de febrero es un día para celebrar con las personas que queremos y que nos quieren. Sin embargo, no todos lo viven de la misma manera, pues para algunos ese día les recuerda su soledad, la falsedad de las personas en quienes confiaron, el amor que con el tiempo se convirtió en odio, las heridas del corazón…
¿A quién de nosotros no nos gustaría tener a alguien que nos quiera de verdad? Y tal vez ese es el problema. Pues algunos creen que para saber si son queridos o no, depende si la otra persona cumple todos nuestros deseos, y no puede relacionarse con nadie más, u obligar a alguien que las quiera. Pero, el verdadero amor no se conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece.
Y creo que la primera señal del verdadero amor es el respeto, pues cuando digo querer a una persona, pero no respeto sus decisiones, la hago sentir menos y siempre es quien tiene que poner de su parte para que esa relación vaya adelante, son signos de que tarde o temprano terminará. Ya que para que el amor perdure, es como una semilla que hay que cuidarla todos los días y es lo que le permite dar fruto, ya lo dice el dicho, obras son amores y no buenas razones. Cuánta razón tenía san Guido al recomendarles a sus misioneros que se esforzarán por conservar el vínculo que los unía como comunidad evitando todo aquello que pudiera debilitarla.
Si queremos aprender a amar, debemos imitar a nuestro Dios, que, a pesar de nuestros errores, de nuestros pecados, de nuestros defectos, nos sigue queriendo, pero a la vez nos anima a ser mejores. Y, sobre todo, que no nos abandona cuando las cosas van mal, pues el amor verdadero nace de los tiempos difíciles.



