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P. Carlos Abraham Zamora s.x.

¿Cómo responder al llamado a la existencia?

Al realizar dinámicas de grupos con adolescentes, jóvenes y adultos, he preguntado muchas veces sobre los gustos que tienen, aquello que más les agrada hacer frecuentemente. Las respuestas pueden ser muy variadas y casi siempre abundantes, todos tenemos muchas cosas que nos gusta hacer solos o con amigos, de vez en cuando o frecuentemente. Algunos hasta pueden expresar que les gusta ir a algún lugar, estar con alguien. Se da también quien expresa disfrutar de no hacer nada. Es relativamente fácil hacer listas de aquello que nos gusta hacer.

Sin embrago, cuando se pregunta sobre los objetivos o metas que se tienen en la vida, las respuestas comienzan a ser menos, más difíciles de pensar y casi imposible de expresar. En ocasiones nos podemos limitar a expresar lo que otros esperan de nosotros, curiosamente algunos llegamos a ocuparnos no de metas u objetivos propios, sino que nos vemos persiguiendo expectativas y tareas que otros nos han casi impuesto, sin desearlas, hacerlas nuestras o apasionarnos con ellas.  

Aún más desafiante es preguntar a alguien por sus ideales o propósito en la vida; la misma palabra parece ser desconocida o evitada. Más de alguno de nosotros podrá simplemente decir: no sé, o nunca me lo he planteado.

El desarrollo de la ciencia y la tecnología ha transformado la forma de ocupar nuestros días y de percibir nuestra existencia y la presencia de los otros a nuestro lado, corriendo el riesgo de vivir en lo inmediato, de concentrar nuestra atención en las acciones del hoy. Tenemos más oportunidades y alternativas de estudio, de ocupación y diversión que las personas que vivieron hace una o dos generaciones. Nos sorprendemos cada día al descubrir nuevos aspectos de la persona humana, pero no siempre abrimos nuestra mente para cuestionarnos qué hay detrás del horizonte, para identificar y ordenar nuestras prioridades en la vida.

Hablar del sentido u orientación de nuestra vida plantea una pregunta vocacional. Vocación, es una palabra que procede del verbo latino vocare que significa llamada. Hoy se habla de vocación cuando se hace referencia al oficio o carrera que va a estudiar una persona, pero también puede referirse a la llamada que recibe todo ser humano a existir y a dar un sentido a su propia existencia.

Sí, la vocación es un llamado, y el primer llamado que recibe la persona humana es a la existencia. La vocación a la vida, puede ser entendida como una profunda inquietud que tenemos los seres humanos de cuestionarnos por qué existimos. Es cierto que nuestra vida es un misterio y que cada ser humano es único e irrepetible, más aún con las marcadas diferencias, compartimos la belleza de nuestra identidad humana. Al crecer vamos descubriendo nuestros dones y talentos, nos encontramos capaces de pensar, estudiar, trabajar, amar y tantas otras acciones o posibles profesiones. Hay sin embargo una luz que puede cambiarlo todo: descubrirnos llamados a vivir nuestra propia existencia, sin perder de vista que esta misma experiencia de estar vivos encierra la llamada a vivir para los demás.

Tú, ¿qué opinas? ¿La persona humana existe para sí misma, o está llamada a vivir para los demás?