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P. Alberto Morales s.x.

Primera santa colombiana

Santa Laura de santa Catalina de Siena, cuyo verdadero nombre era Laura Montoya Upegui, nació en Jericó, Antioquía, Colombia, el 26 de mayo de 1874. Sus padres fueron Juan de la Cruz Montoya y Dolores Upegui. Su padre fue asesinado por defender la religión y la patria.

Sufrió mucho por ser huérfana y pobre, tuvo que mendigar incluso entre sus mismos familiares. Su sed de Dios la llevó a leer y profundizar la Sagrada Escritura. A los dieciséis años comenzó a estudiar para maestra en la escuela Normal de Institutoras de Medellín y así empezó a ganarse la vida. Para su época, santa Laura llegó a ser una erudita y pedagoga.

En 1914 funda la congregación de las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, pues decía que, para cumplir su ideal misionero, necesitaba mujeres intrépidas, valientes, inflamadas del amor de Dios, que pudieran asimilar su vida a la de los pobres habitantes de la selva, para levantarlos hacia Dios. En 1907 se siente llamada a trabajar con los indígenas de las selvas de América y el 5 de mayo de 1914, parte hacia la selva con un grupo de religiosas, incluida su madre; eran la dulzura femenina apoyadas en el Crucifijo y en la Virgen María. Así fomentó el celo misionero entre sus discípulas, aceptando de antemano los sacrificios y las humillaciones.

La madre Laura comprende la dignidad humana y la vocación divina del indígena, quiso insertarse en su cultura, vivir como ellos en la sencillez y humildad, para de esta manera evitar la discriminación racial que existía en algunos líderes civiles y religiosos de su tiempo; su propósito era llevar la fe en Cristo hasta los lugares más remotos. Fue así que la obra misionera de santa Laura lanzó a la mujer como misionera en la vanguardia de la evangelización en América Latina. Decía: Aquí no hay sagrario, pero hay naturaleza; aunque la presencia de Dios es distinta, en las dos partes está y el amor debe saber buscarlo y hallarlo en donde quiera que se encuentre. En su autobiografía, la madre Laura presenta su pedagogía de amor, una pedagogía adaptada a la mente del indígena, que le permite entrar en la cultura y en el corazón del indígena.

Santa Laura pasó nueve años de su vida en silla de ruedas sin renunciar a su apostolado. Luego de una larga agonía, murió en Medellín el 21 de octubre de 1949. El papa Juan Pablo II la beatificó el 25 de abril de 2004 y fue canonizada por el papa Benedicto XVI el 12 de mayo de 2013, convirtiéndose así en la primera santa colombiana.

Al igual que los primeros misioneros de nuestro continente, el ejemplo de la madre Laura ha sido inspirador para que muchos misioneros y misioneras dediquen su vida por los pueblos originarios de todo el continente americano, pues gracias a esta labor conocemos sus costumbres y lenguas, aunque queda mucho por conocer y compartir. Que por su intercesión hagamos del mundo una sola familia en Cristo.