Presento brevemente un pueblo de la prelatura de Xingú donde hace algunos años los xaverianos trabajaron. Mi relación con este pueblo ha sido mínimo, solo he tenido contacto con ellos en los encuentros para la defensa de los pueblos originarios del río Xingu. Lo más bonito y valioso de este pueblo es su voluntad de vivir y de conservar su cultura a pesar de tantos cambios que han tenido que enfrentar en el transcurso de varias décadas.
Es un pueblo que de 120 personas pasó a 467 en cuatro décadas. Han sido siempre perseguidos por grupos indígenas más numerosos. Vivieron de manera nómada, hasta hace algunas décadas debido a las fronteras que les han sido impuestas. Dentro de estos límites conservan su riqueza cultural como lengua, organización social, sistema de sobrevivencia, ritos, relación con la naturaleza, visión del mundo...
Si se le preguntara a alguna persona de la capital del estado de Belém sobre este grupo, sería muy difícil que dijera quiénes son, pues son una civilización negada. Persiste todavía un gran desconocimiento de muchos pueblos que hemos bautizado con el nombre genérico de indio u originario. Es muy distinto un pueblo kayapó, de un pueblo araweté; un rarámuri, de un nahua.
Araweté, es un nombre dado a este grupo pues ellos se autodenominan como bïde, que significa nosotros, los seres humanos. La mayoría no habla el portugués y los que lo hablan lo hacen con dificultad.
Viven en el estado de Pará, en una afluente del río Xingu. La selva donde viven es abierta, y en sus alrededores hay muchas plantas de lianas y espinos, lo que dificulta los caminos. La fauna y los árboles frutales son abundantes. El clima está marcado por dos períodos, de abril a noviembre es el período sin lluvias, el resto lluvioso.
Por estar en constante movimiento, su cultura material es bastante simple. Además de sus vestimentas y adornos personales, tienen tres piezas técnicamente muy elaboradas: el arco, tres tipos de flecha y la sonaja de chamán; esta última utilizada para traer las almas de los muertos y de los dioses a la tierra para participar de sus fiestas, para recuperar el alma de los enfermos y para curar las heridas causadas por animales ponzoñosos.
Cultivan maíz y la yuca. El fermento del maíz es usado en fiestas ceremoniales. La recolección es una actividad muy importante, principalmente de la miel (hay más de 45 tipos), junto con los frutos de palmeras, árboles y huevos de tortuga, principalmente tortuga de la selva. Con las hojas de palmeras hacen los techos de sus casas y recipientes; con la madera fabrican armas y utensilios domésticos.
Se vive en una aldea por causa del maíz. Cuando un grupo decide cambiar de lugar, lo primero que hace es plantar maíz. Todos sus movimientos grupales se harán en función de ese plantío. Para el cultivo del maíz pasan tres meses en la selva, una vez hecha la cosecha vuelven a la aldea para celebrar una fiesta donde se bebe el maíz fermentado. Entre los meses de junio a octubre, cada familia puede organizar libremente una fiesta para la comunidad. Antes de cada fiesta se organiza una caza colectiva para tener carne en abundancia para la fiesta.
El líder entre los Araweté es el que comienza y no el que manda. Cuando el líder o la líder comienza, los otros lo siguen como por contagio.
Sus casas aparentemente sin un orden acaban juntando los patios frontales de las diversas casas pertenecientes a una familia extensa. La conjunción de esa constelación de patios acaba siendo el espacio principal de la aldea. La fiesta principal, la de la bebida de maíz fermentado, es celebrada en el patio de la familia extensa, que se auto propuso como comensal de la celebración.
Cada familia decide cómo será su día. Algunos hombres salen temprano para cazar, y si no van, entonces acompaña a su mujer a traer maíz y camote para asar. Al medio día todo mundo se queda en su casa hasta las cuatro de la tarde resguardándose del fuerte sol. Después todo mundo retoma sus diversas actividades. Las mujeres hilan algodón, muelen maíz, traen leña, agua, esperando a aquellos que fueron a cazar y vuelven al atardecer. Y en la noche se come el producto de la caza, invitando a aquellos que no fueron a cazar, llevando ellos su pinole. Sentados en sus petates se reúnen cerca de la carne y mientras comen, cuentan historias, bromean.
Actualmente este pueblo y otros pueblos originarios vecinos, están siendo fuertemente afectados por el megaproyecto de la construcción de una central hidroeléctrica instalada en el río Xingú, llamada Belo Monte. Con la llegada de este megaproyecto, se ha intensificado la presencia de aquellos sectores de la sociedad que busca de la explotación de madera, de minería artesanal, o grandes empresas mineras. Por ser un grupo poco numeroso necesita la ayuda del gobierno federal para defender su territorio, sin embargo, actualmente hay mucha negligencia por parte del gobierno con los pueblos originarios de Brasil. Las empresas mineras, la extracción ilegal de madera y oro, la ganadería, y los monocultivos del agronegocio, continúan siendo las nuevas amenazas de desterritorialización y destrucción de su modo de vivir.



