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P. Rubén Macías s.x.

Seguimos el camino recorrido por Cristo

En esta ocasión quisiéramos reflexionar sobre el número 14 de nuestras Constituciones, el cual dice: en el trabajo apostólico seguimos el camino recorrido por Cristo en su encarnación, por una comunión de vida y de destino con los hermanos a los que somos enviados; como Jesús, quien siendo de condición divina, no reivindicó su derecho a ser tratado igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo, asumiendo semejanza humana… (Flp 2,6-11).

Jesús se hizo hombre y aceptó caminar hacia nuestra humanidad, experimentar nuestra debilidad y nuestra fuerza, nuestras contradicciones y nuestras esperanzas, se hizo un Emmanuel, un Dios con nosotros, asemejándose a nosotros para que en su cercanía encontráramos el camino hacia Dios y para que asumiéramos aquella condición suya, de Hijo de Dios.

Me encanta la expresión de las Constituciones, como misioneros seguimos el camino recorrido por Cristo. Como sabemos, todo camino se recorre de ida y de venida; Jesús lo recorrió para venir hacia nosotros y también lo recorrió para que, con Él y en Él, vayamos de regreso al Padre. Al asumir su Evangelio, su enseñanza, hemos tomado el camino de regreso al Padre y hemos aprendido a asemejarnos al prototipo divino de los predestinados (CT 3). Qué hermosa es la vocación misionera que nos asemeja a Jesús que se encarna en nuestra carne divinizándola.

Recuerdo mis años en Burundi, ciertamente logré caminar ese camino de acercamiento hacia la cultura burundesa, pude ir y encontrar a mis hermanos burundeses, aprender de ellos y compartirles la riqueza más grande que tenía, es decir mi fe, mi amor en Jesucristo. Pero también pude caminar con ellos el camino de regreso, al buscar junto con ellos caminos de solidaridad, de perdón, de amor hacia el prójimo, de fe. Al compartirles mi fe despertaba en ellos el deseo de vivirla de la misma manera, y por lo tanto, de emprender el viaje hacia esa experiencia de Dios que yo vivía, hacer el camino de vuelta, el que lleva hacia Dios.

El número 14 nos da unas pautas concretas de este camino a recorrer, este esfuerzo diario como misioneros para ir y venir hacia el otro, entre las actitudes está la atención a la complejidad de las situaciones en que trabajamos y disponibilidad, sea de mente como de corazón, para adecuar nuestra acción a la realidad, esto que llamamos en términos técnicos inculturación; el misionero es un hombre abierto y disponible, incluso, hasta compartir los problemas de las personas y su camino de liberación.

Nuestros mártires son un ejemplo de ello y tantos otros misioneros que, en los momentos más duros de la historia no han abandonado a sus feligreses, sino, con fe y entrega, se quedan y comparten su destino, hasta derramar la sangre. Una de las cosas que más se recalcaron en los funerales de nuestras hermanas xaverianas, asesinadas en Burundi en 2014 era eso, a pesar de su edad avanzada, quisieron quedarse con nosotros y sufrir con nosotros, decía un feligrés de la parroquia de Kamenge. Ese camino de encarnación y solidaridad pide de nosotros, dice el número 14, un compromiso constante por la justicia, por la defensa de los derechos humanos, por la cercanía con el pueblo de Dios, como ellas lo vivieron, como tantos misioneros lo están viviendo.

¿Qué estamos haciendo para recorrer ese camino de encarnación y solidaridad con nuestro pueblo en crisis pandémica? ¿Cómo vivir hoy el misterio misionero de la encarnación?